El ‘Anschluss’ vasco no cuaja…y Cicerón usaba Twitter.
Elecciones provinciales en Argentina 2011.

Nuestra colaboradora en Argentina, Ángeles Maquieira, nos analiza los resultados electorales que se extraen de las elecciones provinciales realizadas ayer domingo, 10 de julio en la ciudad autónoma de Buenos Aires.
_______________________________________________
Los ciudadanos de Buenos Aires, fueron a las urnas para elegir Jefe de Gobierno por quinta vez desde la constitución porteña de 1996, se renovara también la mitad de la Legislatura. La novedad que añadió, fue la primera elección de representantes comunales. Los vecinos eligieron a los representantes barriales, 7 representes para cada una de las 15 zonas en las que fue dividida la cuidad.
El pueblo soberano definió…… pero con final abierto….
Ángeles Marquieira
Estudiante Ciencias Políticas. Universidad de Buenos Aires. Argentina.
maquipor2@hotmail.com
Análisis del 22-M: la marea azul.
Otra conclusión que podemos obtener de estos resultados es que el PSPV tiene un largo camino que recorrer si quiere gobernar en la Comunidad Valenciana, los votantes descontentos de este partido han declarado que no quieren a Alarte como candidato, pese que indica que no tiene intenciones de dimitir. El descontento de los votantes de la izquierda valenciana se ha traducido en un ascenso importante de la CoalicióCompromis, que se convierte en la tercera fuerza del parlamento valenciano. Esquerra Unida también sufre pérdidas y entra en juego otro partido UPyD que si bien en estos comicios no obtiene representación se queda a una diferencia de 12.000 votos respeto a Esquerra Unida.
La Comunitat Valenciana ha sido una de las comunidades donde ha habido más participación, un 71,46% y ésta ha sido para apoyar masivamente el programa del Partido Popular, aunque hay que señalar que ha retrocedido en 68.855 votos respecto a las anteriores autonómicas, pero esta pérdida no se puede comparar con la del PSPV, que pierde cinco escaños y no llega al 30% que se había fijado como la barrera psicológica de lo que sería la catástrofe o la dignidad.
A nivel municipal, el PP ha logrado arrebatar la PSPV feudos históricos como Gandía o Elche, y en general en los municipios que gobernaba ha ampliado sus mayorías.
Los socialistas valencianos son los que más han sufrido el ascenso de los partidos minoritarios de izquierdas, que son los grandes beneficiados de la debacle socialista y del movimiento 15M.
Esta situación de “Marea Azul” que vive la Comunidad Valenciana, se ha extendido a toda España, donde los resultados del PSOE son los peores de la historia en este tipo de comicios, no debemos olvidar que estas elecciones se han vivido en clave nacional, y ha llevado al partido del gobierno a perder feudos tan importantes como Castilla-La Mancha, Aragón, Barcelona, Sevilla y posiblemente Extremadura si Izquierda Unida se abstiene en la investidura del presidente.
Y ante este panorama creo que hay que preguntarse, ¿qué cambios se van a producir con esta derrota electoral?, el presidente del gobierno ya ha anunciado su intención de terminar la legislatura con los apoyos que tenga en el parlamento, pero ¿está legitimado para seguir gobernando?, no solamente el PP va a presionar para que se adelanten las elecciones, sino que otros partidos como UPyD y CIU que ya lo pidieron con la crisis de la deuda española en los mercados, vuelvan a la carga.
El PSOE se ha quedado muy tocado tras las elecciones con lo que tiene que tomar importantes decisiones respecto a su futuro político, y ya empezamos a oír voces dentro del partido que piden un cambio en la dirección del partido y de sus órganos internos, puesto que Rodríguez Zapatero se va a ir con el record de ser el Secretario General con el que el PSOE consigue su peor resultado electoral, ¿podrá seguir liderando el PSOE con ese peso encima?, porque en estos momentos, el juego de alianzas que ha venido desarrollando este último año peligra, el gobierno ha sacado adelante muchas reformas gracias a los apoyos de partidos nacionalistas como el PNV o Coalición Canaria, pero en estos momentos, y tras esta debacle electoral, el gobierno de Zapatero y su partido son un equipo débil al que con toda seguridad nadie querrá unirse, por lo que habrá que esperar a ver qué sucede con la aprobación de los presupuestos. Con las manos atadas por la crisis económica, y por las medidas de ajuste que se han impuesto desde Europa, Zapatero tiene poco con lo que negociar con los nacionalistas, y estos no querrán dar su apoyo a un gobierno, que hoy por hoy, tiene los días contados.
Creo que veremos a no mucho tardar el adelanto de unas elecciones generales, que pueden ser las elecciones en las que el Partido Popular saque los mejores resultados de su historia.
Esther Puntero
Socia Asociación Valenciana de Politólogos AVAPOL
Esther.Puntero@gmail.com
Una reflexión pre 15-M
Perfil del Sujeto A: Veintitantos. Carrera Universitaria. Profesional en activo. En la red. Con blog sobre temática ajena a la política, pero que reconoce públicamente que la política le interesa. Activo en facebook y Twitter. Lee la prensa en Internet. No tiene tiempo para la tv y en sus traslados por la ciudad escucha los 40.
¿Es posible que, para los partidos, el coste de obtener el voto del sujeto A (esfuerzo, tiempo, recursos, etc) sea más alto de lo que están dispuestos a invertir en su consecución? ¿Sería descabellado pensar que el voto del Sujeto A sólo interesa a partir de cierto umbral?
Planteemos una función de lo que interesa un voto concreto (Intv) en relación, a priori, del valor intrínseco de ese voto (Vv), lo que le cuesta a un partido político obtener ese voto (Cv), y la inversión de la que dispone el partido para obtener votos (Invp):
El valor del voto lo entendemos constante (en una misma circunscripción):
Volviendo al planteamiento de la hipótesis: ¿Sería descabellado pensar que el voto del Sujeto A sólo interesa a partir de cierto umbral? ¿Sería descabellado pensar que los partidos políticos perciben el coste de obtención del voto del sujeto A como demasiado elevado, quizás por la sofisticación política del sujeto, por la necesidad de llegarle a través de un mensaje individual, o quizás porque hay disponible muchos más votos con el mismo valor y con un coste mucho más bajo?
¿Dependerá por tanto el interés de los partidos en conseguir el voto del sujeto A de sus posiblidades de inversión, y de la cantidad disponible de votos de igual valor que el de A a menor coste?
¿Qué variables echáis en falta vosotros en este razonamiento?
A dos días de las elecciones, quizás A se haya cansado de esperar.
Imaginen...

Bien, imaginemos que somos aficionados al fútbol y que nos sentimos representados por la selección española, aunque no demasiado. Por ejemplo, en una escala del 1 al 7, estamos en un 5. Este año hay mundial de fútbol, pero la selección nunca pasa de cuartos de final, y nuestro nivel de representatividad sigue en el 5. Pasan los días y se clasifican para jugar la semifinal, provocando que nos sintamos representados en un 6 sobre 7. Superan la semifinal y se disponen a jugar la final (será el próximo jueves), pero el nivel se mantiene en 6 sobre 7.
Ahora entra en juego una regla especial. En caso de empate, la final no se decidirá por gol de oro, ni prórroga, ni penaltis. Se decidirá por cantidad de SMS de apoyo que reciba cada selección. Es poco probable que el partido acabe en empate, pero puestos a imaginar, imaginen que acaban empatados. El nivel de representatividad acaba de subir hasta el máximo, y casi todo el país ejercita su dedo pulgar como nunca, mandando cantidades ingentes de SMS, a un coste de 1’5€ por mensaje, para que su selección gane el Mundial. ¿Realmente creen que no ganaríamos? De nuevo, puestos a imaginar, imaginen que ganamos. Como se dijo, es jueves –laborable, y por tanto, hemos trabajado-, nos ha costado una media de 45€ por habitante (sin incluir merchandising), dos horas y media de nuestro tiempo, y el resultado del partido no afectará en nada a nuestra vida cotidiana, salvo alguna conversación de café, y el sobre-enriquecimiento de unas pocas compañías telefónicas, que tanto irrita a unos muchos.
Les propongo otro juego, también gratuito. Es incluso más gratuito que el primero, si cabe. Imaginen que tienen lugar unas elecciones cada cuatro años, curiosamente como se da entre un Mundial y otro. Se van a celebrar en domingo, es decir, que trabaja menos gente que en jueves, y estamos más descansados. No nos van a ocupar dos horas y media, ni tendremos que gastarnos una media de 45€ (en España el merchandising político es nimio), y el resultado de esas elecciones sí afectarán a nuestra vida cotidiana. Elegimos a nuestros legisladores y gobernantes, que van a regular, entre otras cosas, los impuestos sobre los SMS del caso anterior. Aquí ya no hay representatividad, sino soberanía. Puestos a imaginar, imaginen que hoy es ese domingo y que son elecciones.
Puestos a imaginar, imaginen ahora que no van a votar (si no lo pensaban ya). ¿Qué tal ese sabor de boca?
Electoral reflections... volume one
(El País 7-5-2010)
Como todos sabemos ya los resultados, no me dedicaré a analizarlos –como haría una buena politóloga- sino a dar mi opinión sobre una directriz…
La derrota de Brown, la decepción de los liberales, la moderación de los conservadores, la crisis, Grecia… en fin, muchos temas son los que se podrían tratar, pero lo cierto es que lo que más me ha llamado la atención es el hincapié que se está haciendo sobre la inestabilidad del Parlamento al no alcanzarse la mayoría absoluta. Esa inestabilidad se llama democracia ¿no? Un escenario donde no impone uno sino que debe llegarse a un acuerdo sí o sí… eso debería celebrarse como una victoria del pluralismo político y no como la debilidad o incertidumbre...
Y lo que me parecen obsoletas curiosas cuanto menos, son las directrices generales encargadas por Gordon Brown que establecen ‘Cuando unas elecciones no ofrecen una clara mayoría de un partido, el Gobierno titular se mantiene en el cargo a menos y hasta que el primer ministro ofrece su dimisión y la de su Gobierno al monarca. Un Gobierno titular tiene derecho a esperar que se reúna el parlamento para ver si puede conseguir la confianza de la Cámara de los Comunes o dimitir si está claro que no es probable que pueda conseguir esa confianza’ (El País, 7-5-2010) ¿Esto qué significa? Que da igual lo que digan los votantes porque si el primer ministro considera que puede controlar el parlamento, aún no habiendo recibido el apoyo mayoritario del electorado, debe hacerlo… lo de mantenerse en el cargo, digo.
Como no quiero precipitarme en mis conclusiones y quiero seguir indagando, estudiando, analizando e incluso leyendo, dejaré pasar unas prudenciales jornadas de reflexión –a la española, no a la británica- antes de dar mi veredicto sobre esas directrices… bueno, y sobre el próximo primer ministro también.
Una confused avapolera
