Entrevista Hector González, Presidente de la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos APPV


“APPV y AVAPOL coincidimos en revalorizar nuestros respectivos oficios”

¿Qué panorama se encuentran los recién licenciados en Periodismo cuando tratan de entrar en el mercado laboral?.

Un panorama desolador. La crisis económica se ha cebado tanto en nuestro sector como en otros con más resonancia, caso de la construcción. La financiación de los medios de comunicación procede, en gran medida, de la publicidad. Las instituciones públicas no tienen dinero para contratarla y las empresas una de las primeras partidas que recortan es la destinada a anunciarse. Por tanto, sin dinero unos medios cierran y otros reducen personal. Todo esto lo paga el periodista, que ve cómo disminuye al mínimo la oferta laboral y cómo la que existe resulta precaria hasta unos extremos insospechados.

En esta coyuntura, ¿qué plantea la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos (APPV)?

Dignificar la figura del periodista formado y cualificado, demostrar que resulta de tremenda utilidad –y muy amortizable- para cualquier empresa o entidad disponer de un especialista en comunicar y en difundir sus actividades. También mejorar la preparación del licenciado en Periodismo e impulsar el periodismo emprendedor como salida laboral. Podríamos resumir brevemente así nuestros objetivos, aunque somos ambiciosos y pretendemos llegar a bastantes más.

¿Quién puede formar parte de su asociación?

Cualquier licenciado en Periodismo que aspire a dignificar su profesión. Únicamente ha de registrarse en la pestaña del medio digital periodistasvalencianos.es creada para ello. A partir de ahí no solo puede participar en cualquiera de nuestras actividades sino que tiene la opción de implicarse en las comisiones de trabajo y en organizar eventos que contribuyan a mejorar la formación, propiciar puntos de encuentro o impulsar el colegio profesional.

¿En qué coinciden un periodista y un politólogo?

Supongo que hablamos de personas inquietas que analizan y reflexionan sobre el entorno que les rodea y sobre el funcionamiento de nuestra sociedad. Desde el punto de vista de APPV, y creo que de Avapol, coincidimos en nuestra oposición al intrusismo y en la defensa de una praxis profesional que realce y revalorice ambos oficios. Por ese motivo el convenio firmado por ambas entidades puede ayudarnos y reforzarnos mutuamente.

¿Qué relevancia dan los medios de comunicación a la información política?

Cada vez mayor. El ciudadano está ávido de saber qué hacen sus políticos y de exigirles responsabilidades. El prestigio de un medio se mide, en buena medida, por las exclusivas políticas que ofrece. Si hablamos de periódicos, otras secciones han reducido papel, pero en política la mayoría mantiene su número de páginas, con sus artículos de opinión sobre esta materia. Incluso podríamos poner como ejemplo la específica sección del diario El País, en su soporte digital, sobre política, creada de manera más reciente. Además, también crece la cifra de blogs dedicados específicamente a este tipo de información.


Hector González.
Presidente de la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos APPV.
www.periodistasvalencianos.es
@_APPV_ 
@Hectogonz

El papel de los Parlamentos en el mundo.



Los parlamentos son la institución indispensable de las democracias representativas de todo el planeta. Independientemente de sus reglas o su normativa específica, su papel es incuestionable: representar al pueblo y garantizar que las políticas públicas sean diseñadas tomando en cuenta la voluntad de los ciudadanos.

Pero para que los parlamentos sean verdaderamente representativos, es indispensable que las elecciones sean libres y estén ajustadas al derecho. La ciudadanía debe tener acceso a la información sobre las sesiones parlamentarias, la legislación y las políticas públicas desarrolladas, y no sólo de manera off line sino también deben de disponer de esos datos desde la red.

Por ello podemos llegar a afirmar que, el parlamento es una institución única. Está compuesto de hombres y mujeres (con una composición muy dispar: tan sólo el 19,45% son mujeres) que han sido elegidos para representar al pueblo. Elaboran y adoptan leyes y cumplen con la función de control gubernamental, regulado en la mayoría de los países por la Carta Magna suprema.

El parlamento es una institución política. Es un espacio para el debate político, que con frecuencia termina en confrontación política. Pero es también un foro en donde, al fin y al cabo, se forjan las políticas nacionales y se resuelven los conflictos de la sociedad, a través del diálogo y el debate de cesiones y de acuerdos.

Además, podemos llegar a afirmar que el parlamento es una institución compleja. Funciona en distintos niveles y muchos actores influyen en su quehacer diario. Los diputados, el presidente del parlamento y los líderes, los partidos y grupos políticos, las comisiones de trabajo (legislativas, no legislativas, permanentes o concretas), el personal administrativo, todos contribuyen a conformar este entramado parlamentario

Por otro lado, ningún parlamento es igual a otro. Todos difieren en cuanto a su forma, roles y funcionamiento. Se forjan en función de sus historia y la propia cultura del país. Sin embargo, todos los parlamentos comparten la misma ambición: darle al pueblo una voz en la administración de los asuntos públicos.

Según la International Organization of Parliaments (IPU) en 2012 hay más parlamentos que nunca antes. Actualmente, 190 de entre 193 países cuentan con alguna forma de institución parlamentaria y en conjunto suman más de 46.000 representantes. La existencia de un parlamento no es sinónimo de democracia, pero indudablemente la democracia no puede existir sin un parlamento. Aunque varían enormemente en cuanto a sus facultades, funciones e infuencia, hoy en día casi todos los sistemas políticos tienen alguna forma asamblearia representativa.

Los parlamentos sirven como nexo y unión entre las preocupaciones de los pueblos y sus gobernantes. La existencia de un cámara pública en donde poder articular los intereses de los ciudadanos es condición necesaria para la legitimidad del gobierno. Una encuesta de opinión realizada en 2008 reveló que el 85% de las personas creen que “la voluntad del pueblo debería ser la base de la autoridad del gobierno”.

En la actualidad estamos viendo cómo la presión del público sobre los parlamentos es mayor que nunca. El aumento de tamaño de los gobiernos ha incrementado las responsabilidades de los parlamentos en cuanto a sus labores de escrutinio y fiscalización. El desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, como Facebook y Twitter, y la saturación de la cobertura mediática de la política han acrecentado la visibilidad de los parlamentos y los políticos.

Por otro lado, en muchos lugares del mundo existen cuestionamientos acerca de la efectividad de los parlamentos para exigir que los gobiernos rindan cuentas. La función de representación de los partidos políticos —elemento esencial para el funcionamiento de un parlamento— es, en muchos países, débil y tiene escaso arraigo en la sociedad. Con el florecimiento de la sociedad civil y las nuevas formas de democracia participativa, los ciudadanos cuentan con muchas vías de representación y desagravio. Si bien en algún momento los parlamentos fueron el foro por excelencia para dar voz a las preocupaciones del pueblo, ahora compiten con toda una serie de alternativas.

Indudablemente, hoy en día los parlamentos son por lo general más abiertos y accesibles, funcionan de manera más profesional, cuentan con más recursos y son más representativos. Esto es crucial para la democracia y la representatividad ciudadana. Pero los ciudadanos son, con justa razón, más exigentes con estas instituciones y esperan mayores estándares de efectividad, rendición de cuentas y conducta que nunca antes en su historia. A pesar de que las encuestas de opinión sugieren que las personas tienen puntos de vista ambiguos sobre los parlamentos, la cantidad de correspondencia, contactos y solicitudes de ayuda está aumentando en lugar de disminuir. Existen muchos roles que solo el parlamento puede llevar a cabo y las personas parecen reconocer la importancia de esta institución.

Podemos llegar a afirmar que los parlamentos han seguido evolucionando y adaptándose. El entorno en el que operan es ahora más complejo y se mueve más rápidamente que nunca. El desafío es seguirle el ritmo al público, que en este caso es el ciudadano, al demostrar capacidad de respuesta y adaptabilidad y renovar continuamente esa relación con la ciudadanía. Este será un proceso de evolución permanente, pero todo parece indicar que la mayoría de los parlamentos están a la altura de las circunstancias.


Jose L. Sahuquillo Orozco
Politólogo y Secretario de AVAPOL
@jsahuquillo

Pompeya y la importancia del “qué dirán”


Cuenta el historiador Plutarco en sus Vidas Paralelas que Publio Clodio Pulcro, ínclito patricio y político romano, estaba totalmente prendado de la belleza de Pompeya Sila, mujer de uno de los pocos hombres que le superaban en poder e influencia, Cayo Julio César. Pese a lo difícil de la situación, Publio no desistió en su intento de conseguir los favores de su amada y elaboró un curioso plan para conseguir su objetivo.

Durante el mes de diciembre se celebraba el culto y las fiestas en honor de la Bona Dea, cuya organización correspondía a la propia Pompeya como esposa del PontifexMaximus. En estas celebraciones sólo participaban mujeres, por lo que Publio consideró que se trataba de una oportunidad única para abordar a Pompeya lejos de la indiscreta mirada de los soldados y de su propio marido. Con esta finalidad decidió disfrazarse de mujer y colarse en la fiesta pero, probablemente, su caracterización no fue tan buena como esperaba y acabó siendo descubierto por algunas invitadas, lo que le obligó a salir a la carrera ante la estupefacción de los guardas apostados en las afueras de la finca.


Cuando este estrambótico incidente fue puesto en conocimiento del César, éste no dudó en adoptar una decisión tajante, repudiando públicamente a su mujer pese a que sobre ella no parecía pesar culpa alguna. Efectivamente, no parecía que Pompeya estuviera involucrada en ninguna aventura extramatrimonial, pero ante la posibilidad de que las especulaciones sobre un encuentro secreto con su atrevido amante se extendieran, Julio César pronunció una de esas frases que quedan para la historia: “La mujer del César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo”.

Ahora, como entonces, no son pocos los altos cargos que se muestran incapaces de comprender aquello que César entendió como inherente a la eficacia política y al buen gobierno: una de las principales obligaciones de quienes ostentan puestos de responsabilidad es la de proyectar una imagen acorde a los valores de la institución que representan. Más allá de un correcto ejercicio de gestión, el desempeño de un cargo público exigeuna labor ejemplarizante, cuya dimensión depende de las particularidadesdel cuerpo cívico que, directa o indirectamente, lo ha elegido como su legítimo representante.

La ciudadanía se mira en el espejo de sus dirigentes, a los que no pueden sino exigir un comportamiento a la altura de la confianza y cuotas de poder que determinados puestos otorgan. Hacer entender que quien defrauda al Estado nos defrauda a todos, que quien evade impuestos hace peligrar la educación de sus hijos o que quien degrada las condiciones laborales de sus empleados de hoy pone en juego su pensión de mañana, es en gran parte responsabilidad de nuestros gobernantes.

De ahí que los electores estadounidenses no perdonen que un líder político sea infiel a su esposa, pues intuyen que si es capaz de engañar a un ser querido, con mayor facilidad puede mentirles a ellos. De ahí que el fraude fiscal como actitud normalizada y las tramas de corrupción política hayan experimentado conjuntamente su época dorada. De ahí que el Jefe de Estado, pese a ser el mejor activo internacional de nuestro país, pese a su papel conciliador y a contar con un presupuesto público mucho más ajustado que la mayoría de sus homólogos, puede ser cuestionado si se empeña en exhibir maneras de monarca rico visitando un país en desarrollo



David Sabater Giménez
Politólogo y Socio de AVAPOL
sabatergimenez.david@gmail.com

Torrijos: “Queremos que los políticos nos digan lo que cobran de manera voluntaria”

El director de sueldospublicos.com aspira a que el diario digital sea una herramienta de consulta con afán de servicio público.El periodista y politólogo, Carles Torrijos, miembro de AVAPOL, ha puesto en marcha el primer diario digital que informa de los salarios de los cargos públicos electos en España. La base de datos está construyéndose y pide colaboración a los políticos y al resto de ciudadanos. Recientemente,  la Asociación ha podido charlar con él:

¿Cómo nace el proyecto Sueldos Públicos (SP)?
Es una idea que tenía en la cabeza hace años pero como trabajaba en otra empresa la dejé en un cajón, a la espera de poder rescatarla. El año pasado retomé el asunto, comparé precios de páginas de diseño web, tanteé el mercado y encargué la faena a Diario Siglo XXI, empresa valenciana compuesta también por periodistas de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

¿En qué consiste Sueldos Públicos?
SP es el primer diario digital de España que informa de los salarios de los cargos electos en España. Es decir, de lo que cobran los políticos, aunque estamos abiertos a ofrecer información sobre otros sueldos de empresas públicas. El portal se compone de dos partes. La base de datos es la más original, pero la más costosa. Está al 10%. No tenemos todas las facilidades de las administraciones. El proyecto es limitado, humilde. Nace con vocación de servicio público, como herramienta de consulta para todos los ciudadanos. La otra parte son noticias relacionadas con los sueldos, el despilfarro, las políticas públicas y la buena gestión.

¿Cuál es el objetivo de SP?
Queremos mejorar la calidad democrática española ofreciendo algo tan básico que los políticos lo esconden o lo enseñan a medias, que es su sueldo, que lo pagamos entre todos. No pretendemos criminalizar a la clase política. Invitamos a los cargos electos a que hagan un ejercicio de transparencia sin precedentes en España y cuelguen en nuestra web su sueldo, mucho antes de que la Ley de Transparencia se lo exija por imperativo legal. La propia base de datos genera tal cúmulo de cifras y estadísticas que ofrece múltiples posibilidades de información interesante para el bolsillo del contribuyente.

¿Qué dificultades has encontrado a la hora de encauzar el proyecto?
Pues como cualquier emprendedor o joven empresario, infinidad de dudas, miedos y muchas preocupaciones. Lo importante es no endeudarse e ir poco a poco, despacio. Tenía claro que lo primero era satisfacer una ilusión, un sueño personal, hecho realidad. Ahora viene lo difícil. Rentabilizarlo, ofrecer un producto veraz, fiable, atractivo. No aspiramos a ser perfectos. Pedimos disculpas y no nos cansaremos de decirlo. Si al entrar en la página el lector ve datos erróneos, desfasados, inexactos, queremos que nos lo diga. Otro de los objetivos es que los ciudadanos también participen y aporten cifras. Si ellos saben lo que cobra el alcalde de su pueblo, que nos lo diga, SP lo contrastará e incorporará el dato al sistema.

¿Cómo se estructura SP?
El proyecto tiene sus limitaciones, intentamos abarcar todos los niveles administrativos, el central, autonómico, provincial, local y europeo. Esas son las secciones básicas aunque no estamos cerrados a otros campos. Dentro de cada sección ha subsecciones. Por ejemplo, la administración central se divide en Gobierno, Congreso y Senado. Cada pestaña autonómica  se compone de gobierno regional y parlamento autonómico. Así, con todo. Queremos que con un par de clics, el lector de SP tenga una información básica de los sueldos de sus representantes. Obviamente, hay más de 8.000 municipios en España y nos hemos puesto un primer objetivo de llegar a las poblaciones de más de 50.000 habitantes. Será duro completar la base de datos. Ilusión no nos falta.

¿Qué opina del anteproyecto de Ley de Transparencia aprobado en Consejo de Ministros?
Es un paso muy importante para acabar con la opacidad de las administraciones. Pero hay que interpretar que el anuncio de la futura ley se hizo en vísperas de las elecciones andaluzas, para contrarrestar el nivel de corrupción que ha protagonizado el gobierno del PSOE en esa región. Además, la norma deberá seguir su trámite después de ser aprobado por el Consejo de Ministros. Congreso, Senado, y de nuevo Congreso son paradas ineludibles de este proceso. No sabemos cómo puede quedar el texto definitivo y si acabará descafeinado. Como muy pronto, hasta 2013 no podremos saber mucho. También hay que tener en cuenta que el Gobierno central pide colaboración y coordinación a las comunidades y ayuntamientos para que también ellos sean transparentes. A día de hoy desconocemos si están por la labor. El Portal de la Transparencia será una herramienta muy útil, pero siempre pensaremos que la hace el Gobierno y tendremos nuestras razonables dudas y sospechas. El resto de datos quedará diseminado por las webs de municipios y gobiernos regionales. El proyecto de SP busca lo contrario, que esté todo en una página, al alcance de todos, con un simple clic, o dos, como mucho. Sabemos de sobra que la tarea no es fácil.

¿Has pensado en la financiación?
Como toda publicación on line, la publicidad es fundamental para la supervivencia. Por eso me asocié a SIGLO XXI. Ellos tienen ya mucha experiencia con agencias. Hay que esperar a tener un mínimo de 100.000 visitas mensuales para poder ofrecer un producto serio y solvente. Además, hemos establecido contacto con algunas entidades que se dedican a agrupar pequeñas aportaciones económicas de inversores anónimos para proyectos de diversa índole. Como podrás comprobar, no sé si podremos conseguir financiación institucional. Por el momento, como cualquier empresa al empezar, todo son gastos. Pero eso ya lo sabemos. Echar horas y contenido. Piensa que hace cinco meses no tenía cuenta en Twitter, ni fanpage de Facebook ni página web. Ahora he montado un proyecto, con una marca y unos objetivos. Como todo en esta vida, poco a poco y mucho trabajo. No digo nada nuevo.

+ info en:

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De cuando el Gobierno, como la solución de los problemas, se convierte en su causa

El pasado día 25 de marzo asistimos al encuentro electoral que se vaticinó como la primera rendición de cuentas de importante calado para el Gobierno de España. Y a pesar de los pronósticos, los resultados ofrecieron lo que para muchos ya se había convertido en un hecho: el Gobierno ya no se percibe como el instrumento en el poder para dar respuesta a los problemas, sino que cada vez más se habla de él como su principal causante.

El proceso de campaña se encargó de vincular a los resultados de los comicios el factor de la legitimidad de los dirigentes de los partidos. Para el partido de Mariano Rajoy, los comicios suponían una primera evaluación de su rendimiento tras los 100 primeros días de gobierno. Para PSOE, tras las elecciones generales y el proceso de selección de su nuevo candidato, los resultados validarían sus nuevas líneas estratégicas.

Sin embargo, más allá de las implicaciones a nivel de partido, los resultados electorales, incluyendo sus niveles de abstención, han contribuido a convertir en un hecho un elemento que ya está presente en el imaginario social. El aparato de Gobierno, creado para solucionar problemas, es percibido por la ciudadanía como una de las causas de la situación en la que se encuentra España. ¿Es esta percepción comprensible?

Hablar a estas alturas de crisis de la democracia representativa es cuestionar nuestro sistema político desde la óptica de la legitimidad política y la  legalidad de su actuación. Este planteamiento, para el Estado del siglo XX, era correcto. Para el Estado democrático actual, es escaso, y es que nos movemos en una democracia de valores y de consecución de resultados en la que la legalidad de la actuación política se da por sentada. Es momento ya de apostar por dar un paso más y situar el foco del análisis en una hipotética crisis en términos de la capacidad directiva de los gobernantes. Estaríamos hablando ya del proceso de gobernar en sí mismo, de la validez directiva del Gobierno en tanto que esté capacitado para coordinar, conducir y liderar, y es ahí donde la pregunta lanzada con anterioridad cobra sentido. ¿Puede ser la causa de los problemas la ineficaz capacidad de nuestros dirigentes?
Una cosa es cierta. Los Estados de Bienestar, como el caso de España, están construidos sobre la base de estados fiscales sólidos y en ello está en juego su subsistencia. En consecuencia, la crisis de ese tipo de Estado no puede estar conectada con la supuesta crisis del modelo de democracia, sino con la del Gobierno de ese Estado y de su economía, en tanto que los directivos políticos son ahora más que nunca los responsables de la compra, producción y provisión de bienes para sus sociedades. Y un peligroso desequilibrio fiscal, como el actual, es el escenario idóneo en el que puede producirse la percepción de una crisis de Gobierno. La política de ajuste económica, y la tan necesitada recaudación fiscal, se ponen en marcha para mantener el Estado de Bienestar en aras de que la crisis del proyecto liberal no culmine con el proyecto social. Pero qué duda cabe que eso puede revertirse y conducir hacia desincentivos económicos y malestar social que pongan en cuestionamiento la idoneidad de estas medidas si las analizamos en el contexto actual.

Esta crisis de Estado, vinculada a su medida más inmediata, la política de ajuste, conduce a que los ciudadanos se muestren más exigentes en relación a las prestaciones gubernamentales a fin de preservar las garantías que el Estado de Bienestar les aseguraba hasta la fecha. Y es ahí donde entra en juego que los directivos de Gobierno se muestren capaces y eficaces en su gestión. Una cosa es cierta. Hasta el momento, la percepción ciudadana y la propia opinión pública parecen estar concluyendo que existe una gestión ineficaz de los directivos políticos. Los estudios y las evaluaciones en este terreno, son menos laxas y sí alertan ya de la necesidad de poner especial énfasis en la mejora de la gestión en el proceso de gobierno. Un ejemplo de ello son las conclusiones del reciente informe sobre el Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales de 2012 en el que se concluye que el desarrollo de los servicios sociales no guarda relación con el mayor o menor esfuerzo económico que se realice, dándose el caso de Comunidades Autónomas con un porcentaje de gasto reducido en servicios sociales que presentan niveles de desarrollo de sus servicios más elevados que aquéllas en las que el presupuesto incrementalista es una práctica más que habitual.

Es esa gestión la que, sin lugar a dudas, conviene que repensemos. A pesar del contexto actual, el Gobierno no es la causa de los problemas, sino que sigue trabajando y contribuyendo en la solución de nuestras demandas. Pero bien distinto es la necesidad de comenzar a trabajar ya en la línea de la planificación y evaluación para dotar de coherencia a las políticas y sus resultados públicos. Porque los efectos de las intervenciones públicas no se dan sólo con lanzar proyectos, sino también con el modo en que se hacen, estamos en el momento oportuno para reeducarnos en la forma de ejercer el Gobierno. Como otros muchos Estados, España presenta sus errores, pero más eficaces seremos si los identificamos, reconocemos y, lo que es más importante, sabemos la forma de corregirlos. De lo contrario no sabremos entre qué opciones nos movemos y cuál de éstas hay que decidir sobre la base de un Gobierno capaz y eficaz.
Patricia Vidal
Politóloga y Vocal Junta Directiva AVAPOL
@VidalPat

MICROPOLÍTICA versus MACROPOLÍTICA

Ahora que España se enfrenta a elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias, es oportuno hacer una reflexión de los actos que se llevan a cabo en las mismas, y cuales son los mas influyentes en la sociedad. Para ello, tomando como referencia escritos de los profesores María José Canel y Antonio Gutierrez-Rubí, haré dos apartados, actos micropolíticos y macropolíticos.





Micropolítica: Me refiero a hacer política de forma particular, de tú a tú, donde existe una interacción bidireccional y hay retroalimentación entre los dos interlocutores, siendo las relaciones directas entre un político y un ciudadano.

Es la única manera en la que el discurso se comunica de forma directa, sin malinterpretaciones ni olvidos. Se caracteriza por la personalización del diálogo, y supone mayor constancia y un menor desembolso económico a la hora de llevarlo a cabo.

Macropolítica: Aquí hago referencia a la política a gran escala, donde el mensaje llega de una sola vez a un grupo de población concentrada en una determinada localización. Implica una interacción unidireccional, al ser una persona la que comunica hacia un conjunto de ciudadanos, donde éstos últimos, se limitan a escuchar lo que el político expone. Es mas global, tarda menos en informar, y supone un mayor desembolso económico la celebración de los actos incluídos en esta categoría.

Tras estas breves aclaraciones sobre las diferencias entre lo micropolítico y lo macropolítico, paso a explicar los actos existentes en cada uno de los conceptos.

Actos Micropolíticos: 
  • Walkabouts: Hace alusión al recorrido a pie por zonas con afluencia de público, zonas de compra cotidiana que existen en todos los municipios. También incluiré el pasear por las calles mas céntricas o asistir a algún acto donde se de una masiva concentración poblacional para escuchar, conversar, debatir con los asistentes, dando a conocer propuestas de mejora y soluciones a sus problemas e inquietudes
  • Canvassing: Se caracteriza por el actuar puerta por puerta, casa por casa dando a conocer las propuestas y dispuestos a ejercer escucha activa y empatizar con los inquilinos. Este tipo de acto se encuentra en desuso.
Actos Macropolíticos:
  •  Mitin: Se define como una reunión pública donde se habla de asuntos políticos o sociales. Suelen ser multitudinarios. El mitin, es el acto mas tradicional e histórico de las campañas políticas y solamente por lo que significa su celebración, es inútil intentar hacerlos desaparecer. Lo que si se está haciendo es adaptarlos a los nuevos desafíos sociales y comunicativos a los que nos enfrentamos, y podemos visualizarlos mediante Internet, hacer de su celebración un “trending topic” y comentarlo en foros. Su significado sigue teniendo la misma esencia, pero se ha diversificado en su celebración.
  • Entrevistas: También forman parte de los actos macropolíticos, al igual que los encuentros con líderes de opinión de la sociedad de la información en la que vivimos. Y los sitúo en este bloque por la influencia que esos líderes de opinión causan a los ciudadanos. Son los ciudadanos los que empatizan con los líderes, e indirectamente, con el político entrevistado.
  • Debates: Junto con el mitin, son la otra gran puesta a punto de los candidatos antes de las elecciones, y se sitúa en lo macropolítico por la dimensión que tienen en cuanto a su preparación y a la dirección de su mensaje. Lo que se argumenta en los debates, llega a la sociedad por multitud de canales, siendo la televisión, radio y prensa los habituales.

Una vez expuesto lo anterior, cabe preguntarnos lo siguiente: Las redes sociales, la comunicación 2.0, ¿dónde la incluimos?, el acto de comunicar virtualmente, ¿en cual de los dos bloques podemos situarlo?.

Bajo mi punto de vista, los únicos actos que tendrían elementos de micropolítica y macropolítica, sería los relacionados con la comunicación 2.0. Conlleva personalización, un bajo coste en su utilización y una constancia característica de la micropolítica y una difusión y generación de opinión pública macropolítica. Las redes sociales conllevan una interacción multidireccional, hay multitud de interlocutores que se retroalimentan y generan debates con gran afluencia de participantes.

Ya no solo se escucha, ahora también se reflexiona y se participa de manera directa.

Actualmente nos encontramos en la era de la comunicación, de la participación ciudadana, donde todo es comentado por una población virtual que convive en las redes sociales y el medio de comunicación mas utilizado es Internet, ¿por qué no potenciarlo no sólo en tiempos de proceso electoral, si no siempre?

El acogerse a eventos virtuales, como celebración de debates online, presentación de candidaturas, ruedas de prensa en “streaming”, entrevistas hechas por los ciudadanos en redes sociales y una incesante actualización de los contenidos virtuales, contraerá una mayor participación y a su vez, será mas personalizada. Por tanto, sería un error no servirse del potencial de Internet y concretamente de las redes sociales como primera opción para realizar la campaña electoral.

Considero que ha llegado el momento en el que la política comienza a tener en cuenta la participación ciudadana en todo su desarrollo, mediante la utilización de la comunicación 2.0, donde los políticos descubrirán de primera mano lo que piensan realmente de ellos y donde se darán las claves necesarias para que el candidato piense si se debe mejorar o definitivamente, deberá hacer borrón y cuenta nueva.

Diana Rubio
Politóloga y socia de AVAPOL
@driecel

Reflexión sobre #primaveravalenciana


Os propongo reflexionar sobre el fenómeno de #PrimaveraValenciana centrándonos en la figura de la delegada del gobierno y el determinante que le impulsó a decidir las actuaciones policiales en Valencia, tema cuanto menos peliagudo. Pero lo cierto es que lamentablemente no podemos controlar el experimento, no podemos establecer una relación causa-efecto entre la delegada del gobierno y los actos ocurridos, por lo tanto, se nos escapan variables que no controlamos para poder demostrar científicamente cual es la motivación o determinante clave.

Sin embargo, no deja de ser interesante plantear teorías como la de Lakoff  basada en modelos de estructura mental y  que él asocia a los modelos familiares con marcos conceptuales concretos. En el caso conservador, el modelo del padre estricto y los valores básicos que tienen fuertemente arraigados les hacen actuar bajo su propia “visión” del mundo. El planteamiento de Lakoff me hace recordar la idea hobbesiana del hombre como un ser maligno, en constante peligro y la necesidad que tiene de salir de ese estado de naturaleza, cediendo su libertad a cambio de su seguridad. Si a alguien le ha venido a la cabeza G.W.Bush y las elecciones del 2004, puede ser pura casualidad.

La teoría de Lakoff  plantea dos modelos diferenciados que se plasman a su vez en dos visiones de modelos de sociedad, es decir, como el Estado (padre de familia) actúa en función de los valores que pretende fomentar e impregnar en la sociedad (hijo/a). El modelo del padre estricto de los conservadores plantea acciones de corrección y conversión hacia el buen camino, partiendo desde una concepción negativa y caprichosa del hijo/a, y esta justificación motiva el uso del recurso del castigo para lograrlo.  

Claro, la pregunta clave sería ¿Podría ser esta teoría aplicable a la motivación de la delegada de gobierno valenciano? Podría, pero nada nos puede asegurar que así sea. En este terreno nos adentramos en especulaciones inservibles. Quizás pudiera ser un factor, o quizás las motivaciones fueron otras que nada o poco tienen que ver con la teoría planteada. 

No obstante,  no quisiera dejar de cuestionarme si alguien aún cree en aquella concepción de Rousseau sobre el hombre bondadoso por naturaleza y cuya convivencia con la sociedad lo pervierte. Quizás deberíamos recordar que aún vivimos en un pacto social, en el que nosotros como ciudadanos no olvidamos lo que cedemos, pero que las instituciones políticas no tardan en olvidar lo que nos deben. Aquí es donde deberíamos recordar que el sistema democrático y la configuración del mismo no deja de ser un artefacto creado por el hombre.

En definitiva, la sociedad debería poder modificar a su antojo dicho sistema, pues no es el sistema el que impone un fin, sino el ciudadano el que debe elegir que fin o que objetivos se deben lograr con el sistema creado. Pero, ¿El resultado es fruto de la tiranía de la mayoría o de la voluntad general?

Ximo Valls
Politólogo y socio de AVAPOL
@CVallsmo

Cinco semanas en globo


En 1863 un todavía desconocido Julio Verne publicaba “Cinco semanas en globo”, novela en la que narraba las aventuras del intrépido explorador inglés Samuel Fergusson, quien al mando de un globo aerostático emprendía un intrépido viaje por los cielos del aun misterioso continente africano. El libro, a modo de cuaderno de viaje escrito por uno de los acompañantes de Fergusson, su gran amigo Dick Kennedy, recoge todo un mes de periplo a bordo de este moderno dirigible del siglo XIX, lo que, aproximadamente, es el mismo tiempo que el actual Gobierno  lleva navegando a bordo de dicha aeronave.
En el mundo de la comunicación se denomina “globos sonda” a aquellos datos, noticias o informaciones que son intencionadamente anunciadas/filtradas a los medios, con el fin de calibrar las primeras reacciones de la opinión pública. La no oficialidad de las fuentes que reproducen esta información “privilegiada” siempre permite dar marcha atrás, desmintiendo su autenticidad (pinchando el globo) o confirmándola según convenga al emisor. Desde hace algún tiempo los especialistas en comunicación política han tomado buena nota de la efectividad de esta táctica a la hora de colocar un mensaje en el punto mira: es rápido en su propagación (“viral”, según  los expertos en marketing), poco comprometedor y permite medir y crear estados de ánimo en la opinión pública. En los despachos de Génova se ve que le han cogido gusto a esta forma de llegar al ciudadano, y no han dudado en llenar el cielo mediático de globos de todas las formas y colores, ya se llamen “co-pago”, “ley del aborto” o “reforma laboral”.
Primero fue Mariano Rajoy, durante su estreno en el Consejo Europeo quien resultó “cazado” por un micrófono: “la laboral me va a costar una huelga”, explicaba al primer ministro finlandés Jyrki Katainen. De esta manera, el Presidente del Gobierno se dirigía a los medios  tras haberse aprobado una subida de impuestos y dos paquetes de medidas que rehusó explicar en ningún tipo de comparecencia. Globo va. Apenas una semana después, era el ministro de Economía, Luís de Guindos, quien sufría un nuevo “descuido” ante el comisario de Asuntos Exteriores Olli Rehn: "mañana aprobamos la reforma laboral. Verás: será extremadamente agresiva". Y otro globo más, para que el ciudadano se vaya haciendo el ánimo.
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Y en éstas, Ruíz Gallardón, eterno ministrable y actual ministro de Justicia, sigue con sus particulares sondeos en forma de declaraciones a los medios. Tan pronto está en desacuerdo con una hipotética declaración de inconstitucionalidad del matrimonio homosexual, como quiere reconducir la ley del aborto a “la doctrina del Tribunal Constitucional”. Todo esto, mientras considera ante los micrófonos que “hay una sensación de que la ley no da respuesta suficiente a muchos problemas que se plantean en nuestra sociedad” (velada referencia al endurecimiento de la Ley del Menor), o plantea una reforma del código penal en forma de “cadena permanente” (que no perpetua).

En definitiva, los primeros meses del nuevo Gobierno están dejando entrever una estrategia de comunicación marcada por el bajo perfil de su principal dirigente, reacio a todo tipo de comparecencia o rueda de prensa, al tiempo que se lanzan a un primer contacto con el ojo público aquellos asuntos que marcarán la legislatura. La continuidad de este planteamiento comunicativo, sin duda, se verá marcada por la evolución de una legislatura que se antoja difícil en lo económico y tensa en lo social. Conocidas las sensaciones de los ciudadanos, y con independencia de las mismas, es necesario salir al paso aun cuando el suelo es poco firme.

El cuerpo cívico no busca gestores, sino gobernantes. Necesitamos “ponerle cara” a las decisiones y requerimos de explicaciones que vayan más allá del “es lo que hay que hacer”. Claro que eso supone bajar del globo y pisar tierra. Una tierra infestada de peligrosos periodistas, maliciosas preguntas e ingratas manifestaciones ciudadanas. Empieza el viaje.
David Sabater
Politólogo,periodista y socio de AVAPOL


Napoleón decía... sobre los sueldos políticos

Napoleón decía…

Sobre los sueldos de los políticos. Disculpe, no tengo soluciones, pero le puedo ofrecer alguna reflexión..

Napoleón decía, poco más o menos, que cuando un político tiene un problema y quiere resolverlo nombra a un responsable. Sin embargo, si tiene un problema pero no está interesado en que se aclare, designa un comité. Varias décadas después, el humorista estadounidense, Fred Allen, argumentaba irónicamente que un comité es un grupo de personas carentes de preparación, nombradas por otras carentes de disposición, para hacer algo carente de utilidad. Sirva la palabra comisión, como sinónimo de comité y aterrizaremos mejor en la política española.

Si el asunto de los sueldos de los políticos sigue generando controversia y no se vislumbra acuerdo para reducir diferencias abismales en las nóminas de muchos cargos públicos electos es porque, llanamente, no hay voluntad de consenso, ni hay un responsable para arreglarlo ni existe un comité/comisión. Con todo, la administración local sigue presentando los disparates salariales más sonados de la administración pública española.

Y el ciudadano medio se preguntará ¿que a caso existe un especial interés en que los políticos se pongan de acuerdo para regular sus sueldos? ¿Es ese un problema prioritario que se repite en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas? ¿Qué dice de eso el Gobierno central? ¿Por qué no se aprueba una ley general para todos los cargos públicos electos? ¿Desde cuándo un trabajador de una empresa privada tiene potestad para subirse el sueldo él mismo como hacen los parlamentarios, alcaldes, concejales y presidentes autonómicos?

Y sigo preguntándome ¿cómo es posible que la Administración General del Estado no haya sido capaz de poner orden en la inmensa maraña de los sueldos de los políticos? ¿Por qué la nómina de algunos alcaldes y concejales de ayuntamientos que no son capitales de provincia son más elevadas que la paga que recibe el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy? ¿Cómo es posible que varios presidentes autonómicos cobren más que el jefe del Ejecutivo? ¿Es normal que el presidente del Congreso de los Diputados cobre algo más de 13.000 euros mensuales por su cargo? Por qué la tercera persona más importante del Estado cobra más que la segunda? Por qué Rajoy gana 78.185 euros brutos al año, como presidente del Gobierno y el presidente de una autonomía como la catalana cobra 144.000 euros? ¿Cómo se fijan los salarios de los políticos? ¿Por qué existen tantas diferencias? Es la población un criterio válido para regular las retribuciones? ¿Por qué no se cumple entonces?

Como podrá comprobar el lector, planteo muchas preguntas pero ofrezco pocas respuestas. Bueno sí, por ejemplo, la Federación de Municipios y Provincias de la Comunidad Valenciana aprobó hace ya tiempo, y tiene colgado en su página web, un documento de ‘recomendación’ de los sueldos de los concejales y alcaldes de los municipios según su población y establece unas sensatas disposiciones sobre cómo no superar jamás el salario del presidente de la Generalitat o de los consellers. Eso sí, sigue siendo una recomendación. Hoy en día, varios alcaldes de municipios del área metropolitana de Madrid, con más de 200.000 habitantes cobran más que el presidente del Gobierno de España. Estamos hablando de sueldos de más de 80.000 euros. Una barbaridad que consienten, casi siempre, gobierno y oposición.


Los sueldos públicos es un tema del que habla todo el mundo, como el fútbol. Posiblemente, los vecinos de su edificio o de su urbanización tienen una opinión, hablan y discuten sobre ello con naturalidad a veces y con desmedido apasionamiento, otras.  El asunto se presta a tertulias de bares, de cafés, debates televisivos, encuestas en Internet y participaciones radiofónicas de lo más variopintas.
Hablamos del dinero que los contribuyentes ceden con sus impuestos para pagar nóminas, dietas, pensiones e indemnizaciones a los políticos. Dejamos, pues, para otra ocasión los sueldos públicos en sí, que engloban, además, todas las retribuciones de los empleados públicos, esto es, funcionarios de carrera, personal laboral, interinos y personal de libre designación o cargos de confianza. No nos olvidamos además, de esos ‘androides laborales’ o trabajadores de empresas públicas o de fundaciones cuyo criterio de contratación ha consistido, y se ha reconocido recientemente por los implicados, en una mera recomendación. Tanto unos como otros reciben sus emolumentos de las diferentes administraciones, aunque cabe destacar que muchos políticos, además de cobrar por un cargo como consecuencia de haber recibido el respaldo de los electores, también están en nómina dentro del partido político al que pertenecen. Tenemos, por ejemplo, el caso de Mariano Rajoy, que, como jefe de la oposición, cobraba en calidad de diputado nacional, pero el Partido Popular le pagaba 150.000 euros al año, al menos, antes de ganar las Elecciones Generales del pasado 20 de noviembre.
Pero, sea como sea, el ciudadano medio, informado o no, siempre tiene la idea de que los políticos ‘viven muy bien’ y sobre ellos corre la eterna sospecha de la duda, las malas compañías, los asuntos turbios y los contratos amañados.
Pese a que las diferentes administraciones y algunas instituciones del Estado llevan aplicando medidas de transparencia, los sueldos de los políticos no son siempre un dato accesible a todos. Y debería serlo por ley.
Tanto el Congreso de los Diputados como el Senado recogen en su página web, mediante un documento en pdf, las retribuciones brutas básicas de sus señorías y toda la casuística de complementos, que sonrojan a más de un contribuyente. Además, unos y otros disfrutan de dietas, pensiones e indemnizaciones que chocan con el régimen general de la Seguridad Social. Hay algunos gobiernos autonómicos como el andaluz o el propio gobierno regional de Cantabria, por poner dos casos, que también ofrecen al usuario de Internet la información sobre las retribuciones de sus parlamentarios o consejeros. Ojo, pero no todos los españoles saben usar la red, ni tienen acceso a ella. Es un paso, cierto, pero sigue siendo insuficiente.
Como ven, han leído hasta este último párrafo y siguen con muchas dudas y preguntas en la cabeza. Sigo pensando que los diputados y senadores españoles están mal pagados, en cuanto a salario base se refiere. Creo que deberían cobrar más. También digo, que sus prestaciones, dietas y planes de pensiones contienen privilegios que el resto de trabajadores no disfruta y eso es injusto. También opino que los sueldos de los alcaldes y concejales de todos los municipios de España deberían estar regulados por una ley nacional. La corrupción disminuiría y el verdadero servicio público acabaría aflorando. Los oportunistas, en definitiva, menguarían.
Acabo ya. El debate político en España adolece de lo básico. Se habla de corrupción, de tribunales, de partidos y familias. Se habla demasiado de los sueldos de los políticos. Se habla de todo eso porque nos chirría. Pero hablamos poco del presupuesto, muy poco de las políticas públicas, nada de su diseño e implementación y casi nos olvidamos de su ejecución y evaluación. ¿Quién se atreve a corregir este error? ¿Nombramos a un responsable para ello y le echamos las culpas si no cumple con su cometido? ¿O es preferible designar a un comité/comisión para que tarde meses en redactar un informe y acabe por certificar una obviedad y media perogrullada?
Pues eso, volvemos al título. Sigue siendo cierto lo que decía Napoleón.
Carles Torrijos
Politólogo y periodista. Socio de AVAPOL
@sueldospublicos

La importancia de los programas electorales en las campañas

Hoy en día nos encontramos con la inexistencia de una teoría general para la elaboración de un programa electoral. En una primera aproximación podríamos definirlo como una alternativa de políticas públicas que presenta un partido, donde plasma la identificación de los problemas que tiene la sociedad y el Estado y las posibles soluciones a los mismos, desde su propia cosmovisión del mundo.

Al programa electoral tenemos que encasillarlo dentro de algún espacio, y ello tendrá que ver con las funciones que desarrollan los partidos políticos. Una función que éstos desarrollan es la agregación de las demandas de los ciudadanos, y el programa será el vehículo para plasmar estas demandas, teniendo como misión, la movilización de la opinión pública. El programa electoral va a ser el compromiso que establece el partido con el ciudadano, porque a través de su cumplimento va a realizar la función de la rendición de cuentas. A su vez, los programas electorales son la formalización de las diferentes ofertas políticas existentes, si bien la realidad, es que dentro del contexto electoral español tienen una reducida influencia en la decisión de voto.

Es por ello que los programas electorales van a importar para algunas cosas y para otras no, pero aunque el programa en el contexto español está concebido para no ser leído, un partido político no puede carecer del mismo. Dada la tipología de partidos que operan en nuestros sistema político, los programas recogerán muchas de esas demandas que realizan los ciudadanos, pero no todas, ya que por su condición de partidos “catch all” su principal objetivo es la búsqueda del mayor voto posible, teniendo por ello una visión menos sectorial para abarcar así a un grupo muy amplio dentro del “mercado” electoral. Debido a esto, las respuestas a los problemas que se dan en los programas electorales no son demasiado específicas para no desconcertar y ahuyentar a esa parte del electorado que estos partidos quieren “atrapar”.

Es por este motivo que el programa va a ser uno de los elementos más importante dentro de la campaña electoral, un proyecto político necesita del apoyo de un proyecto electoral porque ambos son interdependientes, y es aquí donde reside la importancia del programa, al ser el punto de encuentro entre la estrategia electoral y la estrategia política del partido, por medio del programa los partidos políticos conectan con los que están dentro del proyecto político que quieren llevar a cabo, como dirigentes y militantes, y con los que buscan que lo compartan, los votantes.

En tiempos electorales la elaboración del programa es uno de los temas más importantes en la agenda del partido. Para su elaboración se precisa de un trabajo previo de recogida de información y análisis de las demandas de los ciudadanos, si bien hay que referir que la elaboración y el contenido de un programa electoral va a depender de diferentes elementos y contextos. En su elaboración los partidos tienen que tener en cuenta muchos factores, ya que éste, va a ser una de tus principales armas de campaña, tanto para vencer al adversario como para como para cohesionar al partido.

El programa electoral no solo tiene que ser una exposición de medidas y soluciones a los problemas dentro de la cosmovisión del partido, el programa tiene que trasladar al votante la ilusión o esperanza de un cambio, la política es una guerra de emociones y es por elloque el programa electoral tiene que apelar a las mismas, no ser solamente la espina dorsal de tu futura acción de gobierno. El Partido Popular en estas elecciones ha sabido utilizar muy bien su programa electoral, el mismo carece de medidas concretas, es más, podríamos decir incluso que son difusas, pero ha sabido vender esperanza. Sabiendo que en votos no podía crecer más, ha ido a anclar a su electorado para que no se fuera, ha sabido contextualizar muy bien su situación. El programa del Partido Popular es un conjunto de declaración de intenciones sin medidas concretas que tenía como objetivo no ahuyentar a los posibles votantes y generaran desconfianza, se ha mantenido siempre en una línea difusa.

Los programas pueden ser de diferentes tipos porque responden a los diferentes objetivos que buscan los partidos políticos en cada una de las elecciones, el anclaje de su electorado o la expansión hacia nuevos electores. Un programa electoral va a estar siempre subordinado a la estrategia de la campaña electoral, y aquí volvemos a referirnos al Partido Popular, el objetivo de este partido en las elecciones de 2011 ha sido no generar rechazo entre el electorado y anclar su voto, por ello todas las medidas que se expresan en su programa son positivas y ambiguas, y responde a la estrategia de campaña. El PP en estas elecciones ha generado identidad, ha ilusionado y ha tenido un mensaje claro que ha sabido plasmarlo en su programa electoral.

Es un hecho ampliamente comprobado, que los electores no suelen mostrar gran interés en los programas que los partidos políticos presentan en las citas electorales, y en contra de lo que se indica en ámbitos académicos, el ciudadano no considera que los programas constituyan una especie de contrato rígido y vinculante, sino más bien una declaración de intenciones, porque conocen las propuestas de los partidos no a través de sus programas electorales, sino por lo que escuchan, leen o ven en los medios de comunicación.

La campaña para las siguientes elecciones empieza al día siguiente de los comicios celebrados, no se ganan elecciones por no tener un buen programa electoral, pero sí que se necesita un buen programa para ganarlas”

Esther Puntero
Politóloga y socia de AVAPOL
@epuntero