Cinco semanas en globo


En 1863 un todavía desconocido Julio Verne publicaba “Cinco semanas en globo”, novela en la que narraba las aventuras del intrépido explorador inglés Samuel Fergusson, quien al mando de un globo aerostático emprendía un intrépido viaje por los cielos del aun misterioso continente africano. El libro, a modo de cuaderno de viaje escrito por uno de los acompañantes de Fergusson, su gran amigo Dick Kennedy, recoge todo un mes de periplo a bordo de este moderno dirigible del siglo XIX, lo que, aproximadamente, es el mismo tiempo que el actual Gobierno  lleva navegando a bordo de dicha aeronave.
En el mundo de la comunicación se denomina “globos sonda” a aquellos datos, noticias o informaciones que son intencionadamente anunciadas/filtradas a los medios, con el fin de calibrar las primeras reacciones de la opinión pública. La no oficialidad de las fuentes que reproducen esta información “privilegiada” siempre permite dar marcha atrás, desmintiendo su autenticidad (pinchando el globo) o confirmándola según convenga al emisor. Desde hace algún tiempo los especialistas en comunicación política han tomado buena nota de la efectividad de esta táctica a la hora de colocar un mensaje en el punto mira: es rápido en su propagación (“viral”, según  los expertos en marketing), poco comprometedor y permite medir y crear estados de ánimo en la opinión pública. En los despachos de Génova se ve que le han cogido gusto a esta forma de llegar al ciudadano, y no han dudado en llenar el cielo mediático de globos de todas las formas y colores, ya se llamen “co-pago”, “ley del aborto” o “reforma laboral”.
Primero fue Mariano Rajoy, durante su estreno en el Consejo Europeo quien resultó “cazado” por un micrófono: “la laboral me va a costar una huelga”, explicaba al primer ministro finlandés Jyrki Katainen. De esta manera, el Presidente del Gobierno se dirigía a los medios  tras haberse aprobado una subida de impuestos y dos paquetes de medidas que rehusó explicar en ningún tipo de comparecencia. Globo va. Apenas una semana después, era el ministro de Economía, Luís de Guindos, quien sufría un nuevo “descuido” ante el comisario de Asuntos Exteriores Olli Rehn: "mañana aprobamos la reforma laboral. Verás: será extremadamente agresiva". Y otro globo más, para que el ciudadano se vaya haciendo el ánimo.
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Y en éstas, Ruíz Gallardón, eterno ministrable y actual ministro de Justicia, sigue con sus particulares sondeos en forma de declaraciones a los medios. Tan pronto está en desacuerdo con una hipotética declaración de inconstitucionalidad del matrimonio homosexual, como quiere reconducir la ley del aborto a “la doctrina del Tribunal Constitucional”. Todo esto, mientras considera ante los micrófonos que “hay una sensación de que la ley no da respuesta suficiente a muchos problemas que se plantean en nuestra sociedad” (velada referencia al endurecimiento de la Ley del Menor), o plantea una reforma del código penal en forma de “cadena permanente” (que no perpetua).

En definitiva, los primeros meses del nuevo Gobierno están dejando entrever una estrategia de comunicación marcada por el bajo perfil de su principal dirigente, reacio a todo tipo de comparecencia o rueda de prensa, al tiempo que se lanzan a un primer contacto con el ojo público aquellos asuntos que marcarán la legislatura. La continuidad de este planteamiento comunicativo, sin duda, se verá marcada por la evolución de una legislatura que se antoja difícil en lo económico y tensa en lo social. Conocidas las sensaciones de los ciudadanos, y con independencia de las mismas, es necesario salir al paso aun cuando el suelo es poco firme.

El cuerpo cívico no busca gestores, sino gobernantes. Necesitamos “ponerle cara” a las decisiones y requerimos de explicaciones que vayan más allá del “es lo que hay que hacer”. Claro que eso supone bajar del globo y pisar tierra. Una tierra infestada de peligrosos periodistas, maliciosas preguntas e ingratas manifestaciones ciudadanas. Empieza el viaje.
David Sabater
Politólogo,periodista y socio de AVAPOL


Napoleón decía... sobre los sueldos políticos

Napoleón decía…

Sobre los sueldos de los políticos. Disculpe, no tengo soluciones, pero le puedo ofrecer alguna reflexión..

Napoleón decía, poco más o menos, que cuando un político tiene un problema y quiere resolverlo nombra a un responsable. Sin embargo, si tiene un problema pero no está interesado en que se aclare, designa un comité. Varias décadas después, el humorista estadounidense, Fred Allen, argumentaba irónicamente que un comité es un grupo de personas carentes de preparación, nombradas por otras carentes de disposición, para hacer algo carente de utilidad. Sirva la palabra comisión, como sinónimo de comité y aterrizaremos mejor en la política española.

Si el asunto de los sueldos de los políticos sigue generando controversia y no se vislumbra acuerdo para reducir diferencias abismales en las nóminas de muchos cargos públicos electos es porque, llanamente, no hay voluntad de consenso, ni hay un responsable para arreglarlo ni existe un comité/comisión. Con todo, la administración local sigue presentando los disparates salariales más sonados de la administración pública española.

Y el ciudadano medio se preguntará ¿que a caso existe un especial interés en que los políticos se pongan de acuerdo para regular sus sueldos? ¿Es ese un problema prioritario que se repite en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas? ¿Qué dice de eso el Gobierno central? ¿Por qué no se aprueba una ley general para todos los cargos públicos electos? ¿Desde cuándo un trabajador de una empresa privada tiene potestad para subirse el sueldo él mismo como hacen los parlamentarios, alcaldes, concejales y presidentes autonómicos?

Y sigo preguntándome ¿cómo es posible que la Administración General del Estado no haya sido capaz de poner orden en la inmensa maraña de los sueldos de los políticos? ¿Por qué la nómina de algunos alcaldes y concejales de ayuntamientos que no son capitales de provincia son más elevadas que la paga que recibe el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy? ¿Cómo es posible que varios presidentes autonómicos cobren más que el jefe del Ejecutivo? ¿Es normal que el presidente del Congreso de los Diputados cobre algo más de 13.000 euros mensuales por su cargo? Por qué la tercera persona más importante del Estado cobra más que la segunda? Por qué Rajoy gana 78.185 euros brutos al año, como presidente del Gobierno y el presidente de una autonomía como la catalana cobra 144.000 euros? ¿Cómo se fijan los salarios de los políticos? ¿Por qué existen tantas diferencias? Es la población un criterio válido para regular las retribuciones? ¿Por qué no se cumple entonces?

Como podrá comprobar el lector, planteo muchas preguntas pero ofrezco pocas respuestas. Bueno sí, por ejemplo, la Federación de Municipios y Provincias de la Comunidad Valenciana aprobó hace ya tiempo, y tiene colgado en su página web, un documento de ‘recomendación’ de los sueldos de los concejales y alcaldes de los municipios según su población y establece unas sensatas disposiciones sobre cómo no superar jamás el salario del presidente de la Generalitat o de los consellers. Eso sí, sigue siendo una recomendación. Hoy en día, varios alcaldes de municipios del área metropolitana de Madrid, con más de 200.000 habitantes cobran más que el presidente del Gobierno de España. Estamos hablando de sueldos de más de 80.000 euros. Una barbaridad que consienten, casi siempre, gobierno y oposición.


Los sueldos públicos es un tema del que habla todo el mundo, como el fútbol. Posiblemente, los vecinos de su edificio o de su urbanización tienen una opinión, hablan y discuten sobre ello con naturalidad a veces y con desmedido apasionamiento, otras.  El asunto se presta a tertulias de bares, de cafés, debates televisivos, encuestas en Internet y participaciones radiofónicas de lo más variopintas.
Hablamos del dinero que los contribuyentes ceden con sus impuestos para pagar nóminas, dietas, pensiones e indemnizaciones a los políticos. Dejamos, pues, para otra ocasión los sueldos públicos en sí, que engloban, además, todas las retribuciones de los empleados públicos, esto es, funcionarios de carrera, personal laboral, interinos y personal de libre designación o cargos de confianza. No nos olvidamos además, de esos ‘androides laborales’ o trabajadores de empresas públicas o de fundaciones cuyo criterio de contratación ha consistido, y se ha reconocido recientemente por los implicados, en una mera recomendación. Tanto unos como otros reciben sus emolumentos de las diferentes administraciones, aunque cabe destacar que muchos políticos, además de cobrar por un cargo como consecuencia de haber recibido el respaldo de los electores, también están en nómina dentro del partido político al que pertenecen. Tenemos, por ejemplo, el caso de Mariano Rajoy, que, como jefe de la oposición, cobraba en calidad de diputado nacional, pero el Partido Popular le pagaba 150.000 euros al año, al menos, antes de ganar las Elecciones Generales del pasado 20 de noviembre.
Pero, sea como sea, el ciudadano medio, informado o no, siempre tiene la idea de que los políticos ‘viven muy bien’ y sobre ellos corre la eterna sospecha de la duda, las malas compañías, los asuntos turbios y los contratos amañados.
Pese a que las diferentes administraciones y algunas instituciones del Estado llevan aplicando medidas de transparencia, los sueldos de los políticos no son siempre un dato accesible a todos. Y debería serlo por ley.
Tanto el Congreso de los Diputados como el Senado recogen en su página web, mediante un documento en pdf, las retribuciones brutas básicas de sus señorías y toda la casuística de complementos, que sonrojan a más de un contribuyente. Además, unos y otros disfrutan de dietas, pensiones e indemnizaciones que chocan con el régimen general de la Seguridad Social. Hay algunos gobiernos autonómicos como el andaluz o el propio gobierno regional de Cantabria, por poner dos casos, que también ofrecen al usuario de Internet la información sobre las retribuciones de sus parlamentarios o consejeros. Ojo, pero no todos los españoles saben usar la red, ni tienen acceso a ella. Es un paso, cierto, pero sigue siendo insuficiente.
Como ven, han leído hasta este último párrafo y siguen con muchas dudas y preguntas en la cabeza. Sigo pensando que los diputados y senadores españoles están mal pagados, en cuanto a salario base se refiere. Creo que deberían cobrar más. También digo, que sus prestaciones, dietas y planes de pensiones contienen privilegios que el resto de trabajadores no disfruta y eso es injusto. También opino que los sueldos de los alcaldes y concejales de todos los municipios de España deberían estar regulados por una ley nacional. La corrupción disminuiría y el verdadero servicio público acabaría aflorando. Los oportunistas, en definitiva, menguarían.
Acabo ya. El debate político en España adolece de lo básico. Se habla de corrupción, de tribunales, de partidos y familias. Se habla demasiado de los sueldos de los políticos. Se habla de todo eso porque nos chirría. Pero hablamos poco del presupuesto, muy poco de las políticas públicas, nada de su diseño e implementación y casi nos olvidamos de su ejecución y evaluación. ¿Quién se atreve a corregir este error? ¿Nombramos a un responsable para ello y le echamos las culpas si no cumple con su cometido? ¿O es preferible designar a un comité/comisión para que tarde meses en redactar un informe y acabe por certificar una obviedad y media perogrullada?
Pues eso, volvemos al título. Sigue siendo cierto lo que decía Napoleón.
Carles Torrijos
Politólogo y periodista. Socio de AVAPOL
@sueldospublicos

La importancia de los programas electorales en las campañas

Hoy en día nos encontramos con la inexistencia de una teoría general para la elaboración de un programa electoral. En una primera aproximación podríamos definirlo como una alternativa de políticas públicas que presenta un partido, donde plasma la identificación de los problemas que tiene la sociedad y el Estado y las posibles soluciones a los mismos, desde su propia cosmovisión del mundo.

Al programa electoral tenemos que encasillarlo dentro de algún espacio, y ello tendrá que ver con las funciones que desarrollan los partidos políticos. Una función que éstos desarrollan es la agregación de las demandas de los ciudadanos, y el programa será el vehículo para plasmar estas demandas, teniendo como misión, la movilización de la opinión pública. El programa electoral va a ser el compromiso que establece el partido con el ciudadano, porque a través de su cumplimento va a realizar la función de la rendición de cuentas. A su vez, los programas electorales son la formalización de las diferentes ofertas políticas existentes, si bien la realidad, es que dentro del contexto electoral español tienen una reducida influencia en la decisión de voto.

Es por ello que los programas electorales van a importar para algunas cosas y para otras no, pero aunque el programa en el contexto español está concebido para no ser leído, un partido político no puede carecer del mismo. Dada la tipología de partidos que operan en nuestros sistema político, los programas recogerán muchas de esas demandas que realizan los ciudadanos, pero no todas, ya que por su condición de partidos “catch all” su principal objetivo es la búsqueda del mayor voto posible, teniendo por ello una visión menos sectorial para abarcar así a un grupo muy amplio dentro del “mercado” electoral. Debido a esto, las respuestas a los problemas que se dan en los programas electorales no son demasiado específicas para no desconcertar y ahuyentar a esa parte del electorado que estos partidos quieren “atrapar”.

Es por este motivo que el programa va a ser uno de los elementos más importante dentro de la campaña electoral, un proyecto político necesita del apoyo de un proyecto electoral porque ambos son interdependientes, y es aquí donde reside la importancia del programa, al ser el punto de encuentro entre la estrategia electoral y la estrategia política del partido, por medio del programa los partidos políticos conectan con los que están dentro del proyecto político que quieren llevar a cabo, como dirigentes y militantes, y con los que buscan que lo compartan, los votantes.

En tiempos electorales la elaboración del programa es uno de los temas más importantes en la agenda del partido. Para su elaboración se precisa de un trabajo previo de recogida de información y análisis de las demandas de los ciudadanos, si bien hay que referir que la elaboración y el contenido de un programa electoral va a depender de diferentes elementos y contextos. En su elaboración los partidos tienen que tener en cuenta muchos factores, ya que éste, va a ser una de tus principales armas de campaña, tanto para vencer al adversario como para como para cohesionar al partido.

El programa electoral no solo tiene que ser una exposición de medidas y soluciones a los problemas dentro de la cosmovisión del partido, el programa tiene que trasladar al votante la ilusión o esperanza de un cambio, la política es una guerra de emociones y es por elloque el programa electoral tiene que apelar a las mismas, no ser solamente la espina dorsal de tu futura acción de gobierno. El Partido Popular en estas elecciones ha sabido utilizar muy bien su programa electoral, el mismo carece de medidas concretas, es más, podríamos decir incluso que son difusas, pero ha sabido vender esperanza. Sabiendo que en votos no podía crecer más, ha ido a anclar a su electorado para que no se fuera, ha sabido contextualizar muy bien su situación. El programa del Partido Popular es un conjunto de declaración de intenciones sin medidas concretas que tenía como objetivo no ahuyentar a los posibles votantes y generaran desconfianza, se ha mantenido siempre en una línea difusa.

Los programas pueden ser de diferentes tipos porque responden a los diferentes objetivos que buscan los partidos políticos en cada una de las elecciones, el anclaje de su electorado o la expansión hacia nuevos electores. Un programa electoral va a estar siempre subordinado a la estrategia de la campaña electoral, y aquí volvemos a referirnos al Partido Popular, el objetivo de este partido en las elecciones de 2011 ha sido no generar rechazo entre el electorado y anclar su voto, por ello todas las medidas que se expresan en su programa son positivas y ambiguas, y responde a la estrategia de campaña. El PP en estas elecciones ha generado identidad, ha ilusionado y ha tenido un mensaje claro que ha sabido plasmarlo en su programa electoral.

Es un hecho ampliamente comprobado, que los electores no suelen mostrar gran interés en los programas que los partidos políticos presentan en las citas electorales, y en contra de lo que se indica en ámbitos académicos, el ciudadano no considera que los programas constituyan una especie de contrato rígido y vinculante, sino más bien una declaración de intenciones, porque conocen las propuestas de los partidos no a través de sus programas electorales, sino por lo que escuchan, leen o ven en los medios de comunicación.

La campaña para las siguientes elecciones empieza al día siguiente de los comicios celebrados, no se ganan elecciones por no tener un buen programa electoral, pero sí que se necesita un buen programa para ganarlas”

Esther Puntero
Politóloga y socia de AVAPOL
@epuntero

Regeneración y representación en los Partidos

Actualmente recibimos constante información sobre la reestructuración de uno de los partidos con más historia de este país, el PSOE.  La perseverancia de los medios de comunicación reside al parecer en canalizar y proyectar el proceso de elección de los dos principales candidatos a la secretaria general, polarizando la información en ambos lideres políticos. Así como el paulatino posicionamiento de líderes regionales a favor o en contra de cada candidato, que nos recuerda de forma indirecta a R.Michels y su famosa ley de hierro,  apoyos recibidos y a la espera de un mantenimiento de posiciones o mejora de las mismas dentro de la organización socialista.

No se trata de maniobras ajenas a cualquier tipo de organización, que en definitiva tiene un fin específico, en búsqueda de una supervivencia orgánica y una jerarquía interna muy bien definida. En este caso, en esta tipología de organización, como partido político, esta cuenta con una base que se ve sometida a un proceso de doble representación de sus intereses, apoyo o traslado de opiniones en la elección de su dirección política.  Si bien hemos podido observar menciones reiteradas a la presencia de su militancia en la construcción de sus proyectos, programas y discursos políticos, no existe la elección directa de sus candidatos. Esta cuestión conlleva a una fuerte crítica en términos de participación política, regeneración interna y agregación de intereses.






Desde hace tiempo hablamos del descontento social por una parte de la ciudadanía (15-M) que tiene respecto al sistema democrático en post de una mejora en su funcionamiento para canalizar los intereses reales de la sociedad, descontento en el cual residía y reside principalmente una crítica al modelo representativo, y por lo tanto, el deseo de una democracia directa idealizada (Rousseau).  A raíz de esta exposición, plantearía la siguiente cuestión, ¿Pueden los partidos políticos ofertar y crear nuevas formas de participación política a nuestros ciudadanos, si algunos aún no han creado nuevos mecanismo de apertura y participación para su propia militancia?, ¿Existe realmente una voluntad para tal propósito?

Es bien sabido que las nuevas tecnologías y la existencia de las redes sociales han abierto nuevas formas de comunicación  y participación, no obstante, dónde quedan los mecanismos de participación y decisión tradicionales. Quizás sería conveniente  incentivar, estudiar y analizar la existencia de una apertura bidireccional y no puramente 2.0.

Ximo Valls
Politólogo y socio de AVAPOL
@CVallsmo

¿Tiempos modernos?. Eficiencia, Eficacia y Economía

O en los mismos términos, gestión por resultados. Éste es el principio que los gobiernos tradicionales, nuevos gobiernos y gobiernos de transición están aplicando como instrumento clave en la superación de la recesión económica que está teniendo lugar.

¿Tiempos modernos? Me apresuraría a afirmar que no. El gobierno de Margaret Thatcher ya pensaba en estos términos y a ellos, como paradigma irreductible, hemos vuelto enfatizando la idea tan generalizada de que la historia siempre se repite.
La nueva gestión pública es un eufemismo en sí mismo. Lo que concierne a la superación del modelo de estado weberiano y su actualización hacia la implementación de políticas y la intervención social en términos bottom-up, es asumible y aceptable. Los valores y criterios de decisión que se esconden detrás de todo planteamiento que persigue un sector público que oriente sus acciones hacia el rendimiento en términos de mercado, es cuanto menos una aberración.
 No caigamos en el error. Si es necesario, volvamos a la lógica de la provisión de bienes públicos, que por lo demás recordemos que era aquella en la que no cabían los principios de la rivalidad y la exclusión. ¿Acaso no son estos los que ha de proveer el Estado en tanto el sector privado no encuentra en ellos un rendimiento económico? ¿Cómo aplicar entonces este principio de toma de decisiones en el sector público?
Pero aún en el supuesto de verse inmerso en la gestión por medio de resultados, encontraríamos incluso limitaciones. La disciplina económica derivada de este paradigma se basa en un rendimiento que se traduce en un comportamiento disciplinado a corto plazo. Eso, y más en el caso de intervenciones públicas, es inasumible.
La propia OCDE ha venido denunciando los errores de este modelo de gestión pública. La definición de resultados desde el poder central y la responsabilidad de los delegados en la determinación del modo de gestionar, no es idílica. Para su buen funcionamiento requiere de buenos mecanismos de seguimiento y control del gestor desde el ámbito central; buenos mecanismos de coordinación entre los órganos delegados a fin de conseguir coherencia en la intervención pública y renovación de los sistemas de accountability para que, a fin de cuentas, la gestión pública no se centre sólo en una asignación presupuestaria de actividades de forma mecánica. En estos términos, es evidente que España no dispone de los mecanismos necesarios para plantear este modelo de gestión de sus intervenciones públicas.
Con todo, no por ello podemos recurrir a la deducción naïve de descartar la intencionalidad política de aplicar este paradigma. La técnica más evidente llevada a cabo hasta el momento es la del presupuesto (no)incrementalista, donde no se atiende por medio de evaluaciones sobre las intervenciones sociales a qué recortar, cuánto recortar y cómo hacerlo, sino que únicamente se centra en el efecto psicológico que esto genera en la sociedad. Afirmar que esta técnica es adecuada es injustificable puesto que, aún situándonos en el acierto fortuito de esa decisión, es evidente que la mera asignación de fondos no es condición suficiente y necesaria como para garantizar un buen servicio público.
Por muy contradictorio que sea, en los tiempos en los que nos encontramos la sociedad no necesita de resultados que pongan en cuestión los valores básicos del Estado de Bienestar que tanto esfuerzo ha supuesto para los españoles. No hay una fórmula mágica que resuelva la situación en la que estamos. Quizá lo más aconsejable es la suma de muchas. Lo que está claro es que en las Administraciones Públicas necesitamos estrategas capaces de identificar los problemas, reconocer los cambios en las relaciones de causalidad y diseñar estrategias adecuadas para cada tipo de intervención. No sólo de buenos resultados carece España y lo que es evidente es que con una gestión basada en este criterio seguiremos sin saber lo que todavía no sabemos: cómo hacer las cosas.   

Patricia Vidal
Politóloga y socia de AVAPOL
@VidalPat

Generación Ni-Ni: jóvenes desempleados actuales.


Si bien es cierto que empieza a ser considerado un mal endémico, coyuntural y carente de soluciones a corto plazo, la situación de falta de empleo es difícil para todos y especialmente gravosa para los jóvenes.

La tristemente denominada generación “perdida” o de más “fashion way”, la generación “ni-ni”, se enfrentan a la cruda realidad en la que teniendo la edad en la que potencialmente, todo se comienza y a la que todo se aspira, ven sus sueños rotos sin haber siquiera comenzado.

Nuestros jóvenes, o bien desconocen lo que es el mercado laboral por no haber tenido aún su oportunidad, o parecen abocados a una situación permanente e irremisible de temporalidad.
La organización Nacional del Trabajo (OIT) busca medidas “in extremis” para que la media mundial de desempleados menores de 24 años, - que ha alcanzado su máximo histórico de casi el 13% - retome cauces de normalidad y que por supuesto, permitan a la juventud aspirar a ejercer alguna profesión. El hecho de que esa incorporación laboral coincida o no con sus estudios o preparación de facto, es ya harina de otro costal.
Y Uds. Se preguntarán, ¿y cómo va España?, pues en este caso, permítanme la ironía: “sobrados”. Los datos del segundo trimestre de 2010 reflejan que la tasa de paro de los jóvenes menores de 30 años era del 31,9%, como pueden observar: estrenamos “vuelta al cole” a lo grande y por encima de la media.
En estos momentos, los datos nos indican que nuestros jóvenes se enfrentan a un mercado de trabajo en el que si tienen la suerte de poder participar, lo harán con un elevado índice de temporalidad, lo cual significa que la tendencia va a ser contratos de trabajo temporales intercalados con periodos frecuentes de paro.
Con todo ello, obviamente, se continuará la dinámica del círculo vicioso que arrastramos desde hace varias generaciones, -desde Heidi a Pocoyo “los jóvenes no encuentran trabajo porque carecen de experiencia, y no pueden adquirir experiencia, porque no pueden encontrar trabajo”.
A lo mencionado anteriormente habrá que añadir que el mercado de trabajo es cada vez más selectivo y requiere jóvenes cualificados., sin olvidar que las tasas de jóvenes españoles con estudios universitarios finalizados es superior a la media europea.
Voces que claman en el desierto, quejas y críticas arrecian al vigente y maltrecho mercado laboral, y más que lo harán si las políticas actuales demoran en demasía soluciones para un problema nada fácil de solucionar, pero que requiere principalmente muchas dosis de sentido común, amén de infraestructuras y presupuesto suficiente para poder llevarlas a cabo.
Como parece ser que de esto último andamos escasos, podríamos añadir los manidos conceptos de creatividad, ingenio y gracia, que permitan ofrecer expectativas laborales: dignas, ilusionantes, y duraderas.
Imaginemos por un momento que está en nuestras manos plasmar ideas que aporten soluciones viables tanto política como socialmente a la nueva realidad social y que a su vez, varíen la fluctuación a la baja de la economía en la que estamos inmersos:
Y seguimos soñando: en cómo hacerlo:
- Adecuando los estudios a la demanda social y por ende, una mayor participación e implicación del tejido empresarial en el ámbito de la formación tanto Universitaria como de Formación Profesional.
- Habilitando canales fluidos de comunicación que permitan un diálogo permanente entre los actores principales: Universidad-Empresa-Administración Pública-Jóvenes
- Fomentando con ayudas públicas el estudio y evitar el elevado número de abandono escolar, del que últimamente se hacen eco los medios de comunicación social.
- Priorizando e incrementando tanto cualitativa como cuantitativamente los jóvenes preparados en el campo de las nuevas tecnologías y en I+D+I.
- Potenciando el desarrollo tecnológico, la investigación y la innovación empresarial (I+D+I) contribuyendo a la creación de un sistema industrial más productivo y eficiente, cuyo eje vertebrador sea impulsar iniciativas competitivas en un mundo globalizado en sus formas y en sus causas.
En definitiva, proponemos la búsqueda de alternativas, de realidades que permitan contribuir a la búsqueda de nuevas propuestas productivas que ocupen la vacante de sectores, ahora en recesión.
Igualmente, apostamos por transferir el “Know How” de las Universidades, a los Centros de Investigación y a las Empresas, que ayuden a nuestros jóvenes a encontrar nuevas y mejores oportunidades, porque invertir en la juventud de hoy, es invertir en el futuro de todos y cada uno de nosotros.
Carmen Ventura
Politóloga y socia de AVAPOL
venturasalom.carmen@gmail.com

Campaña 2011, comportamiento político del votante

Estrategias acertadas o fallidas, medidas y mensajes contrapuestos de los partidos, una campaña electoral con quizás más miga de la que aparentaba. Quisiera que partiéramos analizando el posicionamiento inicial de los partidos en la pasada campaña y el comportamiento político del votante en las urnas, si bien no es posible de forma profunda por la extensión, al menos si un pequeño recorrido. ¿Empezamos?


Todos sabíamos de la delicada situación que partía el PSOE para convencer (razón) más que persuadir a sus votantes, no sin dejar de intentar la persuasión (emoción) también como arma electoral, eso si, por canales de comunicación distintos. Respecto al uso de la emoción ni que decir tiene que es un arma cada vez más recurrida para la captura del votante, y no por ello se consigue siempre el efecto deseado. Una vez  apenas rozado el campo del Neuromárketing político, considero conveniente ligar y tratar el Cleveage que se activa de forma intensa durante todas las campañas electorales, y que en esta ocasión ha sido un arma de doble filo para el partido en el gobierno. Me refiero al Cleveage izquierda-derecha, su activación en los discursos políticos y el efecto inverso que ha sufrido el partido PSOE, con el beneficio electoral de IU y otras fuerzas que se afianzan y consolidan en el las Cortes Generales. 

No olvidemos que de los 4 millones de votantes que ha perdido el partido socialista, el PP ha ganado solamente alrededor de 600.000 votos (respecto al 2008), es decir algo más de una 1/8 parte, lo cual nos viene a decir que la volatilidad entre bloques (cambio en la decisión de voto entre bloques ideológicos distintos), en estas elecciones no ha sido la gran protagonista del comportamiento en las urnas, pero si esta vez el intrabloque (IU), e incluso otras alternativas de partidos autocalificados como progresistas (UPyD). No obstante, como he mencionado anteriormente, dentro del mismo bloque ideológico una parte del electorado de izquierdas ha sufrido una desafección ante el partido gobernante, desafección respaldada por los ajustes económicos adoptados y la disonancia entre el discurso político y las medidas realizadas por el gobierno.

Por otra parte, merece la pena mencionar como otro Cleveage Centro-Periferia ha hecho acto de presencia de distinta forma, la primera, mediante el reforzamiento de partidos nacionalistas como CIU en Cataluña o el estreno de Amaiur por parte del País Vasco, ambos con el mismo posicionamiento en dicho eje, aunque contrapuesto en el plano izquierda-derecha. La segunda, UPyD  gana fuerza siendo uno de los partidos que reactivan dicho Cleveage, pero en este caso, inclinando la balanza hacia el Centro dentro del mismo eje Centro-Periferia. Ejemplo de reactivación del eje y acompañado por el declive socialista en la Provincia de Valencia es la presencia de la Coalición Compromís en el Parlamento español.

En la Comunidad Valenciana podemos apreciar un descenso de la participación respecto al 2008, un 3,35% (110.000 votos aprox.).  Teniendo en cuenta que a nivel estatal ha descendido un 2,16%, no parece relevante en términos comparativos. Ahora bien, si observamos la evolución del voto de forma diacrónica, desde 2004-2008-2011, veremos la tendencia de concentración y polarización del voto en las elecciones de 2004 a 2008 en las dos principales fuerzas políticas de la Comunidad Valenciana (PP-PSOE), con el estancamiento del crecimiento de votos hacia el PSOE y el aumento del PP en ese período. Pero en estas elecciones el PSOE en la Comunidad ha perdido un  38.1% ( 430.000 votos aprox.) votos que han ido a parar a otras fuerzas políticas, otro reflejo de la volatilidad intrabloque, y el crecimiento de alternativas de izquierdas a nivel estatal y autonómico. Igual de llamativo es que la primera fuerza política de la Comunidad Valenciana, el PP, no ha obtenido un crecimiento de su electorado, ni un estancamiento, sino un ligero descenso de su electorado.

Las campañas han estado envueltas por un issue protagonista, el empleo, un monotema que  está instaurado como máxima preocupación para la sociedad española (CIS nº2885). Podemos encontrarnos con un cambio periodo, es decir, un cambio en el comportamiento político por circunstancias temporales, en este caso la crisis económica que estamos sufriendo. El transfondo es la vuelta de valores Postmateriales a Materiales, se superpone el cumplimiento de necesidades básicas a otro tipo de valores autorrealizativos. Evidentemente hablamos de una parte del electorado afectado y no de forma generalizada.   

En definitiva, los ciudadanos han hablado y no existe una única razón que les impulsara a decantar su voto, puesto que hay tantos motivos como pluralidad de votantes.

Ximo Valls.
Politólogo y socio de AVAPOL
@CVallsmo

En los términos de la abstención



Nueva legislatura, nuevos tiempos. O al menos eso parece tras una intensa campaña electoral repleta de promesas certeras acompañadas de pronósticos de incertidumbre sobre el futuro de España. Pero el resultado de los comicios nos adelanta que la perspectiva de los ciudadanos dista de las convicciones de nuestra clase política, algo que, sin duda, debe ser tenido en cuenta.

Una mayoría absoluta sería un argumento más que suficiente como para caer en la contradicción de pensar que en España no hay una amplia convergencia respecto a las directrices a seguir en los próximos cuatro años. No obstante, conviene ser reflexivos y profundizar en las conclusiones que emanan del índice de abstención tras las elecciones del 20N.

De todos es sabido que el significado más inmediato de la abstención es el castigo a nuestra clase política. Pero conviene ir más allá y cuestionarnos, ¿se puede derivar un fallo del sistema político? En estas elecciones han sido prácticamente diez millones de votantes los que han decidido abstenerse y, por ello, es necesario que dediquemos unos minutos a interpretar qué está ocurriendo.

Un descenso de la participación electoral en un contexto socioeconómico como el que atravesamos se produce como consecuencia de una desconfianza en las instituciones políticas cada vez más afianzada. Pero hay otro factor que tampoco debemos olvidar: el auge del individualismo. Y la combinación de estos dos elementos conduce a concluir la existencia de una gran brecha separadora entre la esfera política y la sociedad. Las nuevas condiciones sociales (flexibilización laboral, cambios de roles y de las estructuras sociales) acompañadas de los valores del postmodernismo, conlleva consecuencias en términos de formulación de políticas, y es que éstas cada vez más se deben plantear como respuesta a demandas individuales fruto de esta complejidad social y la menor agregación de intereses.

La implicación más inmediata: las fuerzas políticas con representación parlamentaria se ven incapacitadas para cumplir su función. Pero, ¿no debería existir agregación de demandas en el contexto económico en el que nos encontramos? A pesar de que la respuesta inmediata tendería a validar este planteamiento, precisamente ha sido la campaña electoral la que ha enfatizado las distintas perspectivas de cómo hacer las cosas y sus posibles efectos, generando diagnósticos diversos que influyen en la participación electoral.

La abstención en estos comicios es sin lugar a dudas el castigo del votante al gobierno anterior. Pero si atendemos al sondeo preelectoral del CIS de octubre de 2011, las interpretaciones van más allá: el votante de izquierda consideraba que el PSOE estaba realizando una gestión regular, que el partido de la oposición actuaría de forma similar en términos de gestión, pero que ningún partido estaría tampoco capacitado para afrontar la situación de España. Y ello está presente en la distribución de escaños tras estas elecciones.

En estos comicios no sólo se ha hecho un uso del voto de castigo al infractor en términos de gestión, sino que es una nueva llamada de atención por parte de una población más informada, más participativa en términos no convencionales, y que demanda su aproximación hacia la esfera política. En la opacidad de la complejidad sociopolítica parece haber una única clarividencia: el voto continúa siendo un acto inmerso en la racionalidad que se despliega de los votantes y la abstención se explica en términos de la percepción del elector de que cualquiera de las candidaturas contribuyen a empeorar sus condiciones de vida. Si ello no se plantea como un fallo del sistema político, poco se podrá hacer desde la mayoría absoluta.

Patricia Vidal
Politóloga y socia de AVAPOL
@VidalPat

El ‘Anschluss’ vasco no cuaja…y Cicerón usaba Twitter.

Varios factores podemos citar para interpretar los resultados de las Elecciones Generales del pasado 20 de noviembre. En clave nacional, destaco la debacle socialista que bajo la promesa de hace cuatro años de que sería la legislatura del pleno empleo, ha sumido a la clase media española en un ambiente depresivo sin parangón. Rajoy, calladito, ha recogido el testigo, pero no le han salido callos. Eso sí, el bipartidismo PP-PSOE ha caído once puntos porcentuales y se asoma otro partido de ámbito nacional, que no es Izquierda Unida, que ya ha cuajado en Madrid y en Valencia, Unión Progreso y Democracia.

El PSOE sabía perfectamente que ya no podía jugar las bazas de la política económica, pues la Gran Recesión sigue haciendo mella en las cuentas del Reino. Tampoco podía aferrarse a los asuntos sociales, tras los recortes y el deterioro de la calidad del Estado del Bienestar. Menos todavía, en temas de política exterior. Desde ‘volver al corazón de Europa’, a llamar `fracasada’ a Merkel cuando ganó sus primeras elecciones en Alemania, a no levantarse al paso de la bandera de Estados Unidos en un desfile. El reguero de despropósitos merece una miniserie para televisión. Además, mandó sacar a toda prisa las tropas españolas destinadas en Irak para luego aumentar las de Afganistán. Por último, faltó, por primera vez en la historia, a la Cumbre Iberoamericana del año pasado. Lamentable.

Fíjense si es una calamidad, que las esperanzas de un nuevo inquilino, demócrata, en la Casa Blanca, no han variado un ápice las relaciones con Washington. Zapatero se ha ido sin pisar la vivienda de Obama y sin pasar un fin de semana en Camp David. La única bala que quedaba en la recámara, y que han usado tanto el presidente en funciones como su candidato, Rubalcaba era la del final de la violencia etarra en la campaña.

Pese a que la marca de la izquierda abertzale está edulcorada y la componen varias formaciones variopintas, tres cabezas de lista de Amaiur han pertenecido a Batasuna y la justicia española y europea, bajo el amparo de sentencias firmes, sostienen que Batasuna es ETA y viceversa.

Aunque obviáramos este mayúsculo detalle, el apoyo nacionalista se diluye al sur de los Montes Vascos. A saber, si hacemos números, la coalición Amaiur se lleva el gato al agua, el Partido Socialista de Euskadi se hunde y pierde cuatro escaños y el PP obtiene unos resultados, simplemente, decentes. La clave está en que si existiera un país llamado Euskal Herria, con capital en Pamplona, y sin datos del Iparralde francés, el 74% de los votantes del País Vasco más los de Navarra no serían -ni lo son- nacionalistas, defienden la Constitución, la democracia española y no están por la labor de un nuevo Anschluss (anexión) a la austriaca.

Y eso sin olvidarnos de la marciana Ley Electoral vigente. Si algunos partidos como el PSOE y UPyD defienden la eliminación de las Diputaciones, ya va siendo hora de que la circunscripción electoral provincial se borre del mapa por una a nivel autonómico, al menos. Lo ideal sería una a nivel nacional, como pasa en las elecciones al Parlamento Europeo. Si esto ocurriera, los partidos nacionalistas se verían obligados a reformular su discurso y ofrecer uno válido para el interés general, esto es, el de todos los españoles, no el de unos pocos, que, encima, consideran ominosa la identidad nacional que aparece en su DNI. Además, populares y socialistas verían reducida su presencia en el Congreso y en el Senado.

MARCO TULIO CICERÓN Y SU HERMANO ERAN TWITTEROS

Sin duda, estas elecciones han estado marcadas, al menos por los equipos de campaña de Rajoy y Rubalcaba por el uso masivo de las redes sociales, en concreto del fenómeno del microblogging llamado Twitter. Sin duda, los partidos con menos medios llevan tiempo haciendo uso de estas herramientas y ya va siendo hora de ahorrar en costes relacionados con la campaña electoral e ir pensando en reducir papeletas, sobres, miembros de mesa, dietas y profundizar en la tecnología necesaria para el voto electrónico.

No obstante, sigo pensando que las palabras del hermano pequeño de Marco Tulio Cicerón, Quinto, al explicarle el Breviario de Campaña Electoral, siguen vigentes hoy en día. Pero, y de eso estoy seguro, si hoy vivieran Marco y Quinto tendrían perfil en Twitter y argumentarían, como dice el profesor universitario Guillermo López, que el uso de las redes sociales te hace más humano y menos político. Y, según el romano, las cualidades que no tienes, debes aparentar que las dominas con total naturalidad.

Usemos, así, los postulados de este libro de más de 2.000 años de antigüedad, que siguen tan vigentes como los inventos de la rueda y el fuego e incluyámoslos como nuevos trendt topic. Pues la era digital avanza y la verdadera campaña electoral no dura dos semanas, sino, 365 días durante cuatro años. Es exigible que los políticos estén en constante alerta toda la legislatura y que no se olviden de los electores, porque si bien estos se comportan como tales el domingo de las elecciones, el resto del año son vecinos, ciudadanos y contribuyentes. Y de su buen porvenir depende el sueldo de aquellos. Si las redes acercan el político al pueblo, bienvenidas sean. Cicerón, como he dicho, retwittearía desde su Iphone. No lo duden.

Carles Torrijos.
Politólogo y Periodista
Socio de AVAPOL.
@sueldospublicos



La época dorada de las Diputaciones en España

La existencia de las Diputaciones Provinciales parece que está llegando a su fin. Por cuestiones económicas o de tendencia descentralizadora, estas instituciones están en el punto de mira de nuestra clase política y la plasmación más directa de ello es su inclusión en los programas políticos presentados para las elecciones del 20N.

Una aproximación a las principales líneas de actuación tras los comicios del próximo domingo dista mucho de pensar que la opinión que se tiene respecto de estas instituciones es gratificante. Muy al contrario, la propia mención a las mismas es ya de por sí desalentadora. El Partido Popular, más empático con éstas, es proclive a su modernización bajo el paradigma de la nueva gestión pública, encaminándolas, como su nombre indica, a racionalizarlas en términos de gestión técnico-económica. El resto de partidos, entre los que se encuentran PSOE, IU, UPyD, CIU, ERC, coalició Compromís-Equo o BNG, entre otros, son más bien partidarios de su erradicación. Para sorpresa de muchos expertos en materia local, los argumentos que esgrimen giran en torno a dos vertientes: su carácter obsoleto y la redefinición competencial entre las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.

¿Es esto justo?

Uno de los aspectos más definitorios del Estado español es el inframunicipalismo derivado de su propia organización territorial, donde conviven 8116 municipios que se enfrentan diariamente a la tarea de poder llevar a cabo de la mejor forma posible la gestión de los servicios públicos de atención a sus ciudadanos. Y digo bien, gestión, puesto que estos entes locales carecen de la exclusividad de competencias para ser los responsables de las actividades que desempeñan, siendo las Comunidades Autónomas las jurídicamente competentes para decidir sobre las mismas. Junto a ello, debemos tener presente la insuficiencia económica a la que se enfrentan los municipios para poder prestar sus servicios, incluyéndose el añadido de que los municipios también son llamados a prestar los “servicios ajenos”, tradicionalmente asumidos sin cargo en los presupuestos. En resumidas líneas, el panorama en el que se encuentran los entes locales es el de atender a las necesidades de sus habitantes, sin disponer para ello de fondos, en un marco de las decisiones adoptadas por las Comunidades Autónomas.

Es en este contexto en el que cobran forma las Diputaciones Provinciales, entes locales que trabajan diariamente en la satisfacción de los intereses de los habitantes y la gestión de las competencias que exceden a los recursos de los municipios. Y todo ello dentro del marco de la legalidad puesto que, como aboga la LRBRL 7/1985, los entes locales pueden delegar en otras instancias locales de ámbito territorial superior las competencias que sobrepasan sus capacidades.

Por ese motivo, si se quiere atender a sufragar las necesidades sociales de los españoles, el debate no puede centrarse en la eliminación de las Diputaciones Provinciales. Cabe hablar, no obstante, de reformas. Quizá esto último radique en fijar para ellas el voto directo a fin de que el elector tenga presente su existencia. Pero en cualquiera de los casos, cualquier modificación debe atender, en primer lugar, a la garantía del principio de autoorganización, atribuyendo a los municipios las competencias exclusivas sobre los servicios que en la práctica están prestando. En segundo lugar, se debe atender a la garantía de la suficiencia económica y autonomía financiera a fin de poder ejecutar eficientemente dichos servicios públicos.

En el vocabulario chino, la palabra crisis se compone de dos conceptos: peligro y oportunidad. Sólo resta aprovechar las oportunidades que se presentan para contribuir a mejorar la calidad de las Administraciones Públicas de nuestro país.

Patricia Vidal.
Politóloga y socia de AVAPOL
@VidalPat