El problema de la calidad democrática.Fernando Vallespín.

Con la Conferencia inaugural a cargo de D. Fernando Vallespín, la universidad CEU-UCH iniciaba su Universidad de verano que aunque cronológicamente recaia en primavera ha disfrutado de un tiempo veraniego, en el que hemos podido disfrutar de una programación multidisciplinar, atractiva y sugerente, tanto por los contenidos sometidos a análisis y discusión, como por la calidad de los participantes.

El planteamiento que el profesor Vallespín realiza parte del análisis que la Unidad de Inteligencia de The Economist establece para efectuar el ranking de calidad democrática de 167 países, concretamente el relativo a 2008, donde España estaba situada en el puesto 15 y donde los diez primeros países participaban de unas características comunes que apuntaban a una cultura política y a una ética pública basadas en la cultura y conciencia de la responsabilidad hacia lo público, desde el respeto absoluto al ámbito privado donde el individuo goza de plena tolerancia por parte de sus conciudadanos.

Suecia, Noruega, Islandia, Holanda, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Suiza, Luxemburgo y Australia, según el ranking de 2008, son países con una población relativamente pequeña, con territorios también poco extensos, salvo Australia, disponen de economías potentes, con instituciones democráticas consolidadas amén de haber abrazado la Reforma protestante en el s.XVI. En el ranking de 2011, los diez primeros prácticamente continúan igual, cambia el orden, pero los países se repiten (entra Canadá, pero participa de las características citadas) y España cae el puesto 24.

En este sentido Vallespín introduce dos dimensiones de la Democracia para profundizar en el análisis, la del hardware democrático, donde sitúa el núcleo institucional, y la del software democrático, el cual nos permite procesar dichas instituciones, determinando como funcionan y como son gestionadas, para lo cual pone en valor a una sociedad civil potente y a una clase política de calidad.

La interrelación de ambas debe ayudarnos a establecer esa conciencia moral en la sociedad que demande esa ética pública y exija una corresponsabilidad que de más contenido a la Democracia, que aúne todo un conjunto de valores, promoviendo una cultura de diálogo, de confianza, crítica, con libre acceso a la información para poder elaborar un juicio sobre los componentes de una sociedad democrática y poder avanzar en su mejora y perfeccionamiento constante porque la participación de los ciudadanos en ese contexto de corresponsabilidad es lo que pone en funcionamiento las instituciones y establece un marco de convivencia cívica, más allá de la propia dimensión empírica de la Democracia.

Como peligros subyacentes al sistema, el profesor Vallespín establece unas amenazas, unos virus de la Democracia, determinados por la Tecnocracia y la complejidad de la Política, por la mediación política y la crisis de los Partidos políticos, por la apatía y alienación política, por la crisis de lo público y por la mediocracia o contaminación mediática de la Democracia.

El ciudadano se ve desplazado por el valor de los tecnócratas y su capacidad de influencia para suplantar al político, que colonizan espacios que resienten la Política desde la incomunicación que produce hablar lenguajes diferentes alejados de la calle y que el ciudadano no logra comprender, por lo que se produce un proceso de individualización que tropieza con la dicotomía ciudadano-persona, donde el ser en sociedad dimensiona al ser humano, pero a costa de erosionar la dimensión ciudadana evolucionando al ámbito de lo privado, solo recurriendo a lo público en busca de algún interés propio. Este alejamiento provoca un continuo deterioro de lo público, de las instituciones.

La Agenda política la marcan los Medios por la lógica informativa, donde lo nuevo y lo inmediato tiene prioridad y aunque la realidad no lo produzca hay que generarlo continuamente contaminando de este modo también el ámbito político que tiene que estar generando titulares por propia supervivencia. Un juego de poder peligroso que se retroalimenta y que tiene al ciudadano como mero espectador.

Por ello, el proceso de penetración de las redes sociales, el ciber-espacio, está planteando escenarios nuevos por explorar ya que ese complejo sistema de interacciones globales viene a complicar la observación de la realidad, por lo que el individuo tiende a seleccionar también la información según su perfil y preferencias, lo que nos aleja también de la disposición de una visión global. Pero no podemos olvidar que la democracia virtual debe avanzar mucho aún así como nuevos canales de participación ciudadana, como la Ley de deliberación de grupos etc. Un reto apasionante que nos debe servir de acicate para seguir perfeccionando nuestra Democracia y la creación de un demos comprometido con la Política con mayúsculas.


JuanVi Pérez
Politólogo y socio de AVAPOL

Tipologías de coaliciones políticas


Los partidos políticos aspiran a obtener la mayoría de escaños posibles en las democracias parlamentarias, pero las leyes electorales condicionan que su objetivo último sea gobernar, convertirse en clave para gobernar, o entrar en las Cámaras para influir en la actividad legislativa. En cualquiera de estos casos, los partidos deben dialogar entre sí, y en algunos casos este diálogo deviene negociación para dar soporte a un gobierno.

Cuando los resultados de unas elecciones legislativas no aseguran la mayoría absoluta parlamentaria a un solo partido, éste puede optar por gobernar en minoría, o recurrir a pactos. La doctrina recoge otras variables que influyen en la formación de gobiernos de coalición; basándonos en teorías formales, encontramos variables como la aritmética parlamentaria o el factor ideológico. Según las teorías multidimensionales, tendremos en cuenta variables como la dimensión jurídica e institucional; la dimensión electoral; la dimensión del sistema de partidos; la dimensión horizontal (o interpartidista) y la dimensión vertical (o intrapartidista) de los partidos; la dimensión motivacional (si se buscan “políticas” o “cargos”); la dimensión histórica; la dimensión de la cultura política y la opinión pública; y la dimensión externa.

Tipologías de coaliciones políticas

En los últimos sesenta años, el estudio politológico en esta materia se ha centrado en las «coaliciones de gobierno», induciendo a error en algunas ocasiones cuando se intentan estudiar las «coaliciones preelectorales». Como vimos arriba, también pueden producirse «coaliciones parlamentarias» tras unas elecciones, cuando un partido no obtiene mayoría suficiente para gobernar.

Una vez apuntados los tres tipos de coaliciones que se recogen en la doctrina, vamos a describir brevemente cada una de ellas, que comparten la característica de que las negociaciones son juegos de suma cero con dos o más actores (partidos).

El profesor Antonio ROBLES EGEA planteó una definición genérica de coalición, como «una operación matemática de integración, sin la cual ningún sistema político democrático puede crearse y mantenerse, tanto si gobierna un solo partido mayoritario, dominante o hegemónico (que lógicamente no sería uniforme), como si gobierna una coalición de partidos o grupos políticos en estrecha confianza».

Dentro de esta concepción general, encontramos estas tres tipologías:

A. Coalición electoral. Se basa en el momento en que se produce en acuerdo de colaboración. Podrán ser preelectorales o postelectorales. RENIU sigue a BOGDANOR para destacar que la existencia y naturaleza de las coaliciones electorales dependen del sistema electoral, en el mismo sentido que DUVERGER al hablar de los partidos. La coalición se fundamenta en una coalición a corto y medio plazo, fijando una estrategia política común.

Constituyen ejemplos muy gráficos la (inicialmente) coalición electoral Convergencia i Unió, que se convirtió en Federación en 2001 entre Convergència Democràtica de Catalunya y Unió Democràtica de Catalunya; en el ámbito territorial valenciano, la coalición Compromís, que integra al Bloc Nacionalista Valencià, Iniciativa del Poble Valencià y Els Verds, y que se presentó también el coalición con la formación Equo en las elecciones Generales de noviembre de 2011.

B. Coalición parlamentaria (o legislativa). Se producen generalmente ante situaciones de gobiernos minoritarios (con mayoría no absoluta). Estas coaliciones no implican necesariamente las características de una permanencia temporal o la identidad con la coalición gubernamental. DOWNS también las denomina «voting coalitions», y las clasifica en dos subtipologías:

  • 1. Stable voting coalitions. No se ceden puestos en el Gobierno, sino que se ofrecen apoyos (externos) a medio y largo plazo a cambio de concesiones. Suelen denominarse «pactos de legislatura». El acuerdo se establecerá antes de la constitución del Gobierno. Los gobiernos minoritarios de González en 1993 y Aznar en 1996 son ejemplos de esta coalición, en ambos casos con la citada coalición electoral CiU. A nivel autonómico, las últimas elecciones en Asturias han propiciado una coalición parlamentaria entre PSOE y UPyD (con el factor motivacional de las «políticas» y no los «cargos», que también tratamos en el Quadern Nº 2), y en el País Vasco hemos presenciado la ruptura de la coalición parlamentaria entre el PPE y el PSE, que puede derivar en un adelanto electoral, o la búsqueda del siguiente subtipo de coalición.

  • 2. Unstable voting coalitions. Acuerdos puntuales para mantener el Gobierno. Reciben también el nombre de «jumping majorities». La segunda legislatura de Zapatero sería un ejemplo de esta subtipología.

C. Coalición ejecutiva (o de Gobierno). Son los «gobiernos de coalición», aquellos en los que uno o varios individuos, identificados con un partido, se convierten en miembros de pleno derecho del gobierno, comprometiendo a todos los miembros de dicho partido a apoyar al gobierno en base a un acuerdo. Siguiendo con el ejemplo anterior, en Asturias las formaciones IU y PSOE acordaron el pasado 24 de mayo constituir una «coalición de gobierno». En la doctrina se han clasificado de diferentes maneras, y RENIU sigue a BOGDANOR al recoger tres tipologías: el gobierno de unidad nacional; gobierno de coalición previo a la fusión entre los partidos integrantes; y la coalición basada en el principio del poder compartido.

La coalición mínima vencedora (minimum winning coalition) será aquella que cuente con la mayoría necesaria de escaños parlamentarios, pero no incluya a ningún partido no necesario para la consecución de la mayoría.



Eli Gallardo
Politólogo y socio de AVAPOL.
@despegante

La democracia y su calidad. El caso de la UE

¿Quién ejerce el poder en la UE? ¿Quién ejerce el poder en una democracia? Si la respuesta a estos dos interrogantes concuerda, irremediablemente deberemos concluir que en la UE se ejerce el poder democráticamente. En caso contrario, convendrá desentrañar cómo se ejerce el poder en el seno de la UE.

Los antecedentes de la actual UE se remontan al periodo de entreguerras, aunque sería la II GM, auténtica “guerra civil europea”, el punto de inflexión que exigiría empezar de nuevo, reconstruir una Europa exhausta y dividida. A su vez, la incipiente globalización favoreció la eclosión de un número creciente de Organizaciones internacionales o regionales que conformaron un nivel supraestatal. Es en este nuevo nivel donde encontramos a la UE.

El proceso de integración europeo no tuvo ningún precedente histórico. La unión económica y política de Estados provistos de lenguas, culturas y tradiciones distintas se consumó por primera vez en Europa sin un plan preestablecido. En este sentido, la construcción europea se ha ido produciendo paso a paso, en respuesta a los más variados impulsos.

Más de medio siglo después, el proyecto comunitario sigue avanzando. En la actualidad siete instituciones conforman el marco de la UE. Junto a estas instituciones coexisten los denominados órganos consultivos y las Agencias, encargadas de tareas técnicas, científicas y de gestión. Un conglomerado de instituciones que no surge de un principio de separación de poderes, conforme es propio de un sistema democrático como el imperante en el conjunto de los Estados miembros. Por el contrario, el criterio diferenciador es el de la representación de intereses, es decir, cada institución está al servicio de unos intereses en particular, de modo que de la contraposición entre estos intereses se espera la obtención de un adecuado equilibrio institucional.

Este entramado institucional no ha permanecido inmutable a lo largo del tiempo, sino que ha experimentado notables transformaciones para amoldarse a las cambiantes exigencias que la propia evolución del proceso de integración exigía. Este proceso de adaptación ha pretendido corregir el déficit democrático que ha acompañado al proyecto comunitario desde su nacimiento, siendo el Tratado de Lisboa un buen ejemplo de ello. Esta última reforma incorpora un conjunto de medidas que pretenden “situar al ciudadano en el centro de la UE y de sus instituciones”. Para ello, tiene como objetivo “reavivar el interés de los ciudadanos por la UE y sus acciones”, promoviendo una “democracia europea que brinde a los ciudadanos la oportunidad de interesarse y participar en el funcionamiento y desarrollo de la UE”.

Con todo, a pesar de las últimas reformas introducidas, todo parece indicar que las reglas del juego de una organización supraestatal de tales dimensiones no casan bien con las exigencias que requiere el modelo democrático. El sistema de designación de numerosos cargos únicamente obedece a criterios de libre designación conforme a supuestos criterios de independencia y profesionalidad. La representación democrática queda limitada al Parlamento Europeo, quedando las restantes instituciones europeas en un espacio intermedio difícilmente compatible con toda representatividad o responsabilidad. Todo debe pasar previamente por el tamiz censor del Estado (los gobiernos centrales), que promueven y proponen a las personalidades que reúnen un determinado perfil, revitalizando así a la teoría clásica de la representación, donde el poder de los representantes no procede de los ciudadanos sino de la nación. Es decir, los principales miembros que encabezan el proyecto comunitario presentan una ligazón democrática con la ciudadanía difusa y, en ningún caso, directa.

Todo encaja si aceptamos que la construcción de la UE respondió en su momento al modelo de democracia consociacional propuesto por Arend Lijphart, en virtud del cual el ejercicio del gobierno se encomienda a un cartel político elitista capaz de ofrecer cierta estabilidad en el seno de sociedades con profundas divisiones. En el caso de la UE, pese al acuerdo en torno a unos valores y principios comunes, la división es consustancial si consideramos que aglutina a veintisiete Estados diferentes. Toda democracia consociacional precisa de una amplia coalición en el poder y una notable autonomía sectorial, de ahí que exista un considerable abismo entre la elite del poder y la población que permanece al margen de los entresijos gubernamentales. En definitiva hablamos de especialistas y técnicos que trabajan de manera estrecha por la culminación de ciertos objetivos.

La UE parece asentarse sobre el modelo democrático defendido por Schumpeter, es decir, una participación meramente instrumental y periódica por parte del electorado, dejando el grueso de la gestión de los asuntos públicos a un reducido colectivo de tecnócratas que, sirviéndose de una máquina funcionarial cada día más amplia, deciden en última instancia los derroteros por los que transitará el proyecto común. Dentro de esta dinámica la democracia dialógica, también conocida como discursiva o deliberativa, no parece tener un buen recibimiento. Si tuviésemos que encuadrar a la UE en uno de los dos extremos, podríamos concluir que ésta emergió desde el límite descarnado de la democracia schumpeteriana, para acabar presentando ciertos matices dialógicos, si bien el producto final sigue presentando un acusado déficit democrático. Una crítica, en última instancia, extensible a todas las grandes Organizaciones Internacionales.

Tal y como apuntaba Norberto Bobbio, “nada demuestra en mayor grado la divergencia entre lo que un gobierno democrático debería ser y lo que es, entre el ideal democrático y la democracia real o realizada, que la democracia internacional, de la que la Organización de las Naciones Unidas ha sido el primer grandioso, aunque imperfecto ejemplo”. La UE, que germinó pocos años después de la ONU, no anda lejos en materia de grandiosidad e imperfección.

Emilio Sancho Andrés
Politólogo y socio de AVAPOL.

Entrevista Hector González, Presidente de la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos APPV


“APPV y AVAPOL coincidimos en revalorizar nuestros respectivos oficios”

¿Qué panorama se encuentran los recién licenciados en Periodismo cuando tratan de entrar en el mercado laboral?.

Un panorama desolador. La crisis económica se ha cebado tanto en nuestro sector como en otros con más resonancia, caso de la construcción. La financiación de los medios de comunicación procede, en gran medida, de la publicidad. Las instituciones públicas no tienen dinero para contratarla y las empresas una de las primeras partidas que recortan es la destinada a anunciarse. Por tanto, sin dinero unos medios cierran y otros reducen personal. Todo esto lo paga el periodista, que ve cómo disminuye al mínimo la oferta laboral y cómo la que existe resulta precaria hasta unos extremos insospechados.

En esta coyuntura, ¿qué plantea la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos (APPV)?

Dignificar la figura del periodista formado y cualificado, demostrar que resulta de tremenda utilidad –y muy amortizable- para cualquier empresa o entidad disponer de un especialista en comunicar y en difundir sus actividades. También mejorar la preparación del licenciado en Periodismo e impulsar el periodismo emprendedor como salida laboral. Podríamos resumir brevemente así nuestros objetivos, aunque somos ambiciosos y pretendemos llegar a bastantes más.

¿Quién puede formar parte de su asociación?

Cualquier licenciado en Periodismo que aspire a dignificar su profesión. Únicamente ha de registrarse en la pestaña del medio digital periodistasvalencianos.es creada para ello. A partir de ahí no solo puede participar en cualquiera de nuestras actividades sino que tiene la opción de implicarse en las comisiones de trabajo y en organizar eventos que contribuyan a mejorar la formación, propiciar puntos de encuentro o impulsar el colegio profesional.

¿En qué coinciden un periodista y un politólogo?

Supongo que hablamos de personas inquietas que analizan y reflexionan sobre el entorno que les rodea y sobre el funcionamiento de nuestra sociedad. Desde el punto de vista de APPV, y creo que de Avapol, coincidimos en nuestra oposición al intrusismo y en la defensa de una praxis profesional que realce y revalorice ambos oficios. Por ese motivo el convenio firmado por ambas entidades puede ayudarnos y reforzarnos mutuamente.

¿Qué relevancia dan los medios de comunicación a la información política?

Cada vez mayor. El ciudadano está ávido de saber qué hacen sus políticos y de exigirles responsabilidades. El prestigio de un medio se mide, en buena medida, por las exclusivas políticas que ofrece. Si hablamos de periódicos, otras secciones han reducido papel, pero en política la mayoría mantiene su número de páginas, con sus artículos de opinión sobre esta materia. Incluso podríamos poner como ejemplo la específica sección del diario El País, en su soporte digital, sobre política, creada de manera más reciente. Además, también crece la cifra de blogs dedicados específicamente a este tipo de información.


Hector González.
Presidente de la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos APPV.
www.periodistasvalencianos.es
@_APPV_ 
@Hectogonz

El papel de los Parlamentos en el mundo.



Los parlamentos son la institución indispensable de las democracias representativas de todo el planeta. Independientemente de sus reglas o su normativa específica, su papel es incuestionable: representar al pueblo y garantizar que las políticas públicas sean diseñadas tomando en cuenta la voluntad de los ciudadanos.

Pero para que los parlamentos sean verdaderamente representativos, es indispensable que las elecciones sean libres y estén ajustadas al derecho. La ciudadanía debe tener acceso a la información sobre las sesiones parlamentarias, la legislación y las políticas públicas desarrolladas, y no sólo de manera off line sino también deben de disponer de esos datos desde la red.

Por ello podemos llegar a afirmar que, el parlamento es una institución única. Está compuesto de hombres y mujeres (con una composición muy dispar: tan sólo el 19,45% son mujeres) que han sido elegidos para representar al pueblo. Elaboran y adoptan leyes y cumplen con la función de control gubernamental, regulado en la mayoría de los países por la Carta Magna suprema.

El parlamento es una institución política. Es un espacio para el debate político, que con frecuencia termina en confrontación política. Pero es también un foro en donde, al fin y al cabo, se forjan las políticas nacionales y se resuelven los conflictos de la sociedad, a través del diálogo y el debate de cesiones y de acuerdos.

Además, podemos llegar a afirmar que el parlamento es una institución compleja. Funciona en distintos niveles y muchos actores influyen en su quehacer diario. Los diputados, el presidente del parlamento y los líderes, los partidos y grupos políticos, las comisiones de trabajo (legislativas, no legislativas, permanentes o concretas), el personal administrativo, todos contribuyen a conformar este entramado parlamentario

Por otro lado, ningún parlamento es igual a otro. Todos difieren en cuanto a su forma, roles y funcionamiento. Se forjan en función de sus historia y la propia cultura del país. Sin embargo, todos los parlamentos comparten la misma ambición: darle al pueblo una voz en la administración de los asuntos públicos.

Según la International Organization of Parliaments (IPU) en 2012 hay más parlamentos que nunca antes. Actualmente, 190 de entre 193 países cuentan con alguna forma de institución parlamentaria y en conjunto suman más de 46.000 representantes. La existencia de un parlamento no es sinónimo de democracia, pero indudablemente la democracia no puede existir sin un parlamento. Aunque varían enormemente en cuanto a sus facultades, funciones e infuencia, hoy en día casi todos los sistemas políticos tienen alguna forma asamblearia representativa.

Los parlamentos sirven como nexo y unión entre las preocupaciones de los pueblos y sus gobernantes. La existencia de un cámara pública en donde poder articular los intereses de los ciudadanos es condición necesaria para la legitimidad del gobierno. Una encuesta de opinión realizada en 2008 reveló que el 85% de las personas creen que “la voluntad del pueblo debería ser la base de la autoridad del gobierno”.

En la actualidad estamos viendo cómo la presión del público sobre los parlamentos es mayor que nunca. El aumento de tamaño de los gobiernos ha incrementado las responsabilidades de los parlamentos en cuanto a sus labores de escrutinio y fiscalización. El desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, como Facebook y Twitter, y la saturación de la cobertura mediática de la política han acrecentado la visibilidad de los parlamentos y los políticos.

Por otro lado, en muchos lugares del mundo existen cuestionamientos acerca de la efectividad de los parlamentos para exigir que los gobiernos rindan cuentas. La función de representación de los partidos políticos —elemento esencial para el funcionamiento de un parlamento— es, en muchos países, débil y tiene escaso arraigo en la sociedad. Con el florecimiento de la sociedad civil y las nuevas formas de democracia participativa, los ciudadanos cuentan con muchas vías de representación y desagravio. Si bien en algún momento los parlamentos fueron el foro por excelencia para dar voz a las preocupaciones del pueblo, ahora compiten con toda una serie de alternativas.

Indudablemente, hoy en día los parlamentos son por lo general más abiertos y accesibles, funcionan de manera más profesional, cuentan con más recursos y son más representativos. Esto es crucial para la democracia y la representatividad ciudadana. Pero los ciudadanos son, con justa razón, más exigentes con estas instituciones y esperan mayores estándares de efectividad, rendición de cuentas y conducta que nunca antes en su historia. A pesar de que las encuestas de opinión sugieren que las personas tienen puntos de vista ambiguos sobre los parlamentos, la cantidad de correspondencia, contactos y solicitudes de ayuda está aumentando en lugar de disminuir. Existen muchos roles que solo el parlamento puede llevar a cabo y las personas parecen reconocer la importancia de esta institución.

Podemos llegar a afirmar que los parlamentos han seguido evolucionando y adaptándose. El entorno en el que operan es ahora más complejo y se mueve más rápidamente que nunca. El desafío es seguirle el ritmo al público, que en este caso es el ciudadano, al demostrar capacidad de respuesta y adaptabilidad y renovar continuamente esa relación con la ciudadanía. Este será un proceso de evolución permanente, pero todo parece indicar que la mayoría de los parlamentos están a la altura de las circunstancias.


Jose L. Sahuquillo Orozco
Politólogo y Secretario de AVAPOL
@jsahuquillo

Pompeya y la importancia del “qué dirán”


Cuenta el historiador Plutarco en sus Vidas Paralelas que Publio Clodio Pulcro, ínclito patricio y político romano, estaba totalmente prendado de la belleza de Pompeya Sila, mujer de uno de los pocos hombres que le superaban en poder e influencia, Cayo Julio César. Pese a lo difícil de la situación, Publio no desistió en su intento de conseguir los favores de su amada y elaboró un curioso plan para conseguir su objetivo.

Durante el mes de diciembre se celebraba el culto y las fiestas en honor de la Bona Dea, cuya organización correspondía a la propia Pompeya como esposa del PontifexMaximus. En estas celebraciones sólo participaban mujeres, por lo que Publio consideró que se trataba de una oportunidad única para abordar a Pompeya lejos de la indiscreta mirada de los soldados y de su propio marido. Con esta finalidad decidió disfrazarse de mujer y colarse en la fiesta pero, probablemente, su caracterización no fue tan buena como esperaba y acabó siendo descubierto por algunas invitadas, lo que le obligó a salir a la carrera ante la estupefacción de los guardas apostados en las afueras de la finca.


Cuando este estrambótico incidente fue puesto en conocimiento del César, éste no dudó en adoptar una decisión tajante, repudiando públicamente a su mujer pese a que sobre ella no parecía pesar culpa alguna. Efectivamente, no parecía que Pompeya estuviera involucrada en ninguna aventura extramatrimonial, pero ante la posibilidad de que las especulaciones sobre un encuentro secreto con su atrevido amante se extendieran, Julio César pronunció una de esas frases que quedan para la historia: “La mujer del César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo”.

Ahora, como entonces, no son pocos los altos cargos que se muestran incapaces de comprender aquello que César entendió como inherente a la eficacia política y al buen gobierno: una de las principales obligaciones de quienes ostentan puestos de responsabilidad es la de proyectar una imagen acorde a los valores de la institución que representan. Más allá de un correcto ejercicio de gestión, el desempeño de un cargo público exigeuna labor ejemplarizante, cuya dimensión depende de las particularidadesdel cuerpo cívico que, directa o indirectamente, lo ha elegido como su legítimo representante.

La ciudadanía se mira en el espejo de sus dirigentes, a los que no pueden sino exigir un comportamiento a la altura de la confianza y cuotas de poder que determinados puestos otorgan. Hacer entender que quien defrauda al Estado nos defrauda a todos, que quien evade impuestos hace peligrar la educación de sus hijos o que quien degrada las condiciones laborales de sus empleados de hoy pone en juego su pensión de mañana, es en gran parte responsabilidad de nuestros gobernantes.

De ahí que los electores estadounidenses no perdonen que un líder político sea infiel a su esposa, pues intuyen que si es capaz de engañar a un ser querido, con mayor facilidad puede mentirles a ellos. De ahí que el fraude fiscal como actitud normalizada y las tramas de corrupción política hayan experimentado conjuntamente su época dorada. De ahí que el Jefe de Estado, pese a ser el mejor activo internacional de nuestro país, pese a su papel conciliador y a contar con un presupuesto público mucho más ajustado que la mayoría de sus homólogos, puede ser cuestionado si se empeña en exhibir maneras de monarca rico visitando un país en desarrollo



David Sabater Giménez
Politólogo y Socio de AVAPOL
sabatergimenez.david@gmail.com

Torrijos: “Queremos que los políticos nos digan lo que cobran de manera voluntaria”

El director de sueldospublicos.com aspira a que el diario digital sea una herramienta de consulta con afán de servicio público.El periodista y politólogo, Carles Torrijos, miembro de AVAPOL, ha puesto en marcha el primer diario digital que informa de los salarios de los cargos públicos electos en España. La base de datos está construyéndose y pide colaboración a los políticos y al resto de ciudadanos. Recientemente,  la Asociación ha podido charlar con él:

¿Cómo nace el proyecto Sueldos Públicos (SP)?
Es una idea que tenía en la cabeza hace años pero como trabajaba en otra empresa la dejé en un cajón, a la espera de poder rescatarla. El año pasado retomé el asunto, comparé precios de páginas de diseño web, tanteé el mercado y encargué la faena a Diario Siglo XXI, empresa valenciana compuesta también por periodistas de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

¿En qué consiste Sueldos Públicos?
SP es el primer diario digital de España que informa de los salarios de los cargos electos en España. Es decir, de lo que cobran los políticos, aunque estamos abiertos a ofrecer información sobre otros sueldos de empresas públicas. El portal se compone de dos partes. La base de datos es la más original, pero la más costosa. Está al 10%. No tenemos todas las facilidades de las administraciones. El proyecto es limitado, humilde. Nace con vocación de servicio público, como herramienta de consulta para todos los ciudadanos. La otra parte son noticias relacionadas con los sueldos, el despilfarro, las políticas públicas y la buena gestión.

¿Cuál es el objetivo de SP?
Queremos mejorar la calidad democrática española ofreciendo algo tan básico que los políticos lo esconden o lo enseñan a medias, que es su sueldo, que lo pagamos entre todos. No pretendemos criminalizar a la clase política. Invitamos a los cargos electos a que hagan un ejercicio de transparencia sin precedentes en España y cuelguen en nuestra web su sueldo, mucho antes de que la Ley de Transparencia se lo exija por imperativo legal. La propia base de datos genera tal cúmulo de cifras y estadísticas que ofrece múltiples posibilidades de información interesante para el bolsillo del contribuyente.

¿Qué dificultades has encontrado a la hora de encauzar el proyecto?
Pues como cualquier emprendedor o joven empresario, infinidad de dudas, miedos y muchas preocupaciones. Lo importante es no endeudarse e ir poco a poco, despacio. Tenía claro que lo primero era satisfacer una ilusión, un sueño personal, hecho realidad. Ahora viene lo difícil. Rentabilizarlo, ofrecer un producto veraz, fiable, atractivo. No aspiramos a ser perfectos. Pedimos disculpas y no nos cansaremos de decirlo. Si al entrar en la página el lector ve datos erróneos, desfasados, inexactos, queremos que nos lo diga. Otro de los objetivos es que los ciudadanos también participen y aporten cifras. Si ellos saben lo que cobra el alcalde de su pueblo, que nos lo diga, SP lo contrastará e incorporará el dato al sistema.

¿Cómo se estructura SP?
El proyecto tiene sus limitaciones, intentamos abarcar todos los niveles administrativos, el central, autonómico, provincial, local y europeo. Esas son las secciones básicas aunque no estamos cerrados a otros campos. Dentro de cada sección ha subsecciones. Por ejemplo, la administración central se divide en Gobierno, Congreso y Senado. Cada pestaña autonómica  se compone de gobierno regional y parlamento autonómico. Así, con todo. Queremos que con un par de clics, el lector de SP tenga una información básica de los sueldos de sus representantes. Obviamente, hay más de 8.000 municipios en España y nos hemos puesto un primer objetivo de llegar a las poblaciones de más de 50.000 habitantes. Será duro completar la base de datos. Ilusión no nos falta.

¿Qué opina del anteproyecto de Ley de Transparencia aprobado en Consejo de Ministros?
Es un paso muy importante para acabar con la opacidad de las administraciones. Pero hay que interpretar que el anuncio de la futura ley se hizo en vísperas de las elecciones andaluzas, para contrarrestar el nivel de corrupción que ha protagonizado el gobierno del PSOE en esa región. Además, la norma deberá seguir su trámite después de ser aprobado por el Consejo de Ministros. Congreso, Senado, y de nuevo Congreso son paradas ineludibles de este proceso. No sabemos cómo puede quedar el texto definitivo y si acabará descafeinado. Como muy pronto, hasta 2013 no podremos saber mucho. También hay que tener en cuenta que el Gobierno central pide colaboración y coordinación a las comunidades y ayuntamientos para que también ellos sean transparentes. A día de hoy desconocemos si están por la labor. El Portal de la Transparencia será una herramienta muy útil, pero siempre pensaremos que la hace el Gobierno y tendremos nuestras razonables dudas y sospechas. El resto de datos quedará diseminado por las webs de municipios y gobiernos regionales. El proyecto de SP busca lo contrario, que esté todo en una página, al alcance de todos, con un simple clic, o dos, como mucho. Sabemos de sobra que la tarea no es fácil.

¿Has pensado en la financiación?
Como toda publicación on line, la publicidad es fundamental para la supervivencia. Por eso me asocié a SIGLO XXI. Ellos tienen ya mucha experiencia con agencias. Hay que esperar a tener un mínimo de 100.000 visitas mensuales para poder ofrecer un producto serio y solvente. Además, hemos establecido contacto con algunas entidades que se dedican a agrupar pequeñas aportaciones económicas de inversores anónimos para proyectos de diversa índole. Como podrás comprobar, no sé si podremos conseguir financiación institucional. Por el momento, como cualquier empresa al empezar, todo son gastos. Pero eso ya lo sabemos. Echar horas y contenido. Piensa que hace cinco meses no tenía cuenta en Twitter, ni fanpage de Facebook ni página web. Ahora he montado un proyecto, con una marca y unos objetivos. Como todo en esta vida, poco a poco y mucho trabajo. No digo nada nuevo.

+ info en:

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De cuando el Gobierno, como la solución de los problemas, se convierte en su causa

El pasado día 25 de marzo asistimos al encuentro electoral que se vaticinó como la primera rendición de cuentas de importante calado para el Gobierno de España. Y a pesar de los pronósticos, los resultados ofrecieron lo que para muchos ya se había convertido en un hecho: el Gobierno ya no se percibe como el instrumento en el poder para dar respuesta a los problemas, sino que cada vez más se habla de él como su principal causante.

El proceso de campaña se encargó de vincular a los resultados de los comicios el factor de la legitimidad de los dirigentes de los partidos. Para el partido de Mariano Rajoy, los comicios suponían una primera evaluación de su rendimiento tras los 100 primeros días de gobierno. Para PSOE, tras las elecciones generales y el proceso de selección de su nuevo candidato, los resultados validarían sus nuevas líneas estratégicas.

Sin embargo, más allá de las implicaciones a nivel de partido, los resultados electorales, incluyendo sus niveles de abstención, han contribuido a convertir en un hecho un elemento que ya está presente en el imaginario social. El aparato de Gobierno, creado para solucionar problemas, es percibido por la ciudadanía como una de las causas de la situación en la que se encuentra España. ¿Es esta percepción comprensible?

Hablar a estas alturas de crisis de la democracia representativa es cuestionar nuestro sistema político desde la óptica de la legitimidad política y la  legalidad de su actuación. Este planteamiento, para el Estado del siglo XX, era correcto. Para el Estado democrático actual, es escaso, y es que nos movemos en una democracia de valores y de consecución de resultados en la que la legalidad de la actuación política se da por sentada. Es momento ya de apostar por dar un paso más y situar el foco del análisis en una hipotética crisis en términos de la capacidad directiva de los gobernantes. Estaríamos hablando ya del proceso de gobernar en sí mismo, de la validez directiva del Gobierno en tanto que esté capacitado para coordinar, conducir y liderar, y es ahí donde la pregunta lanzada con anterioridad cobra sentido. ¿Puede ser la causa de los problemas la ineficaz capacidad de nuestros dirigentes?
Una cosa es cierta. Los Estados de Bienestar, como el caso de España, están construidos sobre la base de estados fiscales sólidos y en ello está en juego su subsistencia. En consecuencia, la crisis de ese tipo de Estado no puede estar conectada con la supuesta crisis del modelo de democracia, sino con la del Gobierno de ese Estado y de su economía, en tanto que los directivos políticos son ahora más que nunca los responsables de la compra, producción y provisión de bienes para sus sociedades. Y un peligroso desequilibrio fiscal, como el actual, es el escenario idóneo en el que puede producirse la percepción de una crisis de Gobierno. La política de ajuste económica, y la tan necesitada recaudación fiscal, se ponen en marcha para mantener el Estado de Bienestar en aras de que la crisis del proyecto liberal no culmine con el proyecto social. Pero qué duda cabe que eso puede revertirse y conducir hacia desincentivos económicos y malestar social que pongan en cuestionamiento la idoneidad de estas medidas si las analizamos en el contexto actual.

Esta crisis de Estado, vinculada a su medida más inmediata, la política de ajuste, conduce a que los ciudadanos se muestren más exigentes en relación a las prestaciones gubernamentales a fin de preservar las garantías que el Estado de Bienestar les aseguraba hasta la fecha. Y es ahí donde entra en juego que los directivos de Gobierno se muestren capaces y eficaces en su gestión. Una cosa es cierta. Hasta el momento, la percepción ciudadana y la propia opinión pública parecen estar concluyendo que existe una gestión ineficaz de los directivos políticos. Los estudios y las evaluaciones en este terreno, son menos laxas y sí alertan ya de la necesidad de poner especial énfasis en la mejora de la gestión en el proceso de gobierno. Un ejemplo de ello son las conclusiones del reciente informe sobre el Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales de 2012 en el que se concluye que el desarrollo de los servicios sociales no guarda relación con el mayor o menor esfuerzo económico que se realice, dándose el caso de Comunidades Autónomas con un porcentaje de gasto reducido en servicios sociales que presentan niveles de desarrollo de sus servicios más elevados que aquéllas en las que el presupuesto incrementalista es una práctica más que habitual.

Es esa gestión la que, sin lugar a dudas, conviene que repensemos. A pesar del contexto actual, el Gobierno no es la causa de los problemas, sino que sigue trabajando y contribuyendo en la solución de nuestras demandas. Pero bien distinto es la necesidad de comenzar a trabajar ya en la línea de la planificación y evaluación para dotar de coherencia a las políticas y sus resultados públicos. Porque los efectos de las intervenciones públicas no se dan sólo con lanzar proyectos, sino también con el modo en que se hacen, estamos en el momento oportuno para reeducarnos en la forma de ejercer el Gobierno. Como otros muchos Estados, España presenta sus errores, pero más eficaces seremos si los identificamos, reconocemos y, lo que es más importante, sabemos la forma de corregirlos. De lo contrario no sabremos entre qué opciones nos movemos y cuál de éstas hay que decidir sobre la base de un Gobierno capaz y eficaz.
Patricia Vidal
Politóloga y Vocal Junta Directiva AVAPOL
@VidalPat

MICROPOLÍTICA versus MACROPOLÍTICA

Ahora que España se enfrenta a elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias, es oportuno hacer una reflexión de los actos que se llevan a cabo en las mismas, y cuales son los mas influyentes en la sociedad. Para ello, tomando como referencia escritos de los profesores María José Canel y Antonio Gutierrez-Rubí, haré dos apartados, actos micropolíticos y macropolíticos.





Micropolítica: Me refiero a hacer política de forma particular, de tú a tú, donde existe una interacción bidireccional y hay retroalimentación entre los dos interlocutores, siendo las relaciones directas entre un político y un ciudadano.

Es la única manera en la que el discurso se comunica de forma directa, sin malinterpretaciones ni olvidos. Se caracteriza por la personalización del diálogo, y supone mayor constancia y un menor desembolso económico a la hora de llevarlo a cabo.

Macropolítica: Aquí hago referencia a la política a gran escala, donde el mensaje llega de una sola vez a un grupo de población concentrada en una determinada localización. Implica una interacción unidireccional, al ser una persona la que comunica hacia un conjunto de ciudadanos, donde éstos últimos, se limitan a escuchar lo que el político expone. Es mas global, tarda menos en informar, y supone un mayor desembolso económico la celebración de los actos incluídos en esta categoría.

Tras estas breves aclaraciones sobre las diferencias entre lo micropolítico y lo macropolítico, paso a explicar los actos existentes en cada uno de los conceptos.

Actos Micropolíticos: 
  • Walkabouts: Hace alusión al recorrido a pie por zonas con afluencia de público, zonas de compra cotidiana que existen en todos los municipios. También incluiré el pasear por las calles mas céntricas o asistir a algún acto donde se de una masiva concentración poblacional para escuchar, conversar, debatir con los asistentes, dando a conocer propuestas de mejora y soluciones a sus problemas e inquietudes
  • Canvassing: Se caracteriza por el actuar puerta por puerta, casa por casa dando a conocer las propuestas y dispuestos a ejercer escucha activa y empatizar con los inquilinos. Este tipo de acto se encuentra en desuso.
Actos Macropolíticos:
  •  Mitin: Se define como una reunión pública donde se habla de asuntos políticos o sociales. Suelen ser multitudinarios. El mitin, es el acto mas tradicional e histórico de las campañas políticas y solamente por lo que significa su celebración, es inútil intentar hacerlos desaparecer. Lo que si se está haciendo es adaptarlos a los nuevos desafíos sociales y comunicativos a los que nos enfrentamos, y podemos visualizarlos mediante Internet, hacer de su celebración un “trending topic” y comentarlo en foros. Su significado sigue teniendo la misma esencia, pero se ha diversificado en su celebración.
  • Entrevistas: También forman parte de los actos macropolíticos, al igual que los encuentros con líderes de opinión de la sociedad de la información en la que vivimos. Y los sitúo en este bloque por la influencia que esos líderes de opinión causan a los ciudadanos. Son los ciudadanos los que empatizan con los líderes, e indirectamente, con el político entrevistado.
  • Debates: Junto con el mitin, son la otra gran puesta a punto de los candidatos antes de las elecciones, y se sitúa en lo macropolítico por la dimensión que tienen en cuanto a su preparación y a la dirección de su mensaje. Lo que se argumenta en los debates, llega a la sociedad por multitud de canales, siendo la televisión, radio y prensa los habituales.

Una vez expuesto lo anterior, cabe preguntarnos lo siguiente: Las redes sociales, la comunicación 2.0, ¿dónde la incluimos?, el acto de comunicar virtualmente, ¿en cual de los dos bloques podemos situarlo?.

Bajo mi punto de vista, los únicos actos que tendrían elementos de micropolítica y macropolítica, sería los relacionados con la comunicación 2.0. Conlleva personalización, un bajo coste en su utilización y una constancia característica de la micropolítica y una difusión y generación de opinión pública macropolítica. Las redes sociales conllevan una interacción multidireccional, hay multitud de interlocutores que se retroalimentan y generan debates con gran afluencia de participantes.

Ya no solo se escucha, ahora también se reflexiona y se participa de manera directa.

Actualmente nos encontramos en la era de la comunicación, de la participación ciudadana, donde todo es comentado por una población virtual que convive en las redes sociales y el medio de comunicación mas utilizado es Internet, ¿por qué no potenciarlo no sólo en tiempos de proceso electoral, si no siempre?

El acogerse a eventos virtuales, como celebración de debates online, presentación de candidaturas, ruedas de prensa en “streaming”, entrevistas hechas por los ciudadanos en redes sociales y una incesante actualización de los contenidos virtuales, contraerá una mayor participación y a su vez, será mas personalizada. Por tanto, sería un error no servirse del potencial de Internet y concretamente de las redes sociales como primera opción para realizar la campaña electoral.

Considero que ha llegado el momento en el que la política comienza a tener en cuenta la participación ciudadana en todo su desarrollo, mediante la utilización de la comunicación 2.0, donde los políticos descubrirán de primera mano lo que piensan realmente de ellos y donde se darán las claves necesarias para que el candidato piense si se debe mejorar o definitivamente, deberá hacer borrón y cuenta nueva.

Diana Rubio
Politóloga y socia de AVAPOL
@driecel

Reflexión sobre #primaveravalenciana


Os propongo reflexionar sobre el fenómeno de #PrimaveraValenciana centrándonos en la figura de la delegada del gobierno y el determinante que le impulsó a decidir las actuaciones policiales en Valencia, tema cuanto menos peliagudo. Pero lo cierto es que lamentablemente no podemos controlar el experimento, no podemos establecer una relación causa-efecto entre la delegada del gobierno y los actos ocurridos, por lo tanto, se nos escapan variables que no controlamos para poder demostrar científicamente cual es la motivación o determinante clave.

Sin embargo, no deja de ser interesante plantear teorías como la de Lakoff  basada en modelos de estructura mental y  que él asocia a los modelos familiares con marcos conceptuales concretos. En el caso conservador, el modelo del padre estricto y los valores básicos que tienen fuertemente arraigados les hacen actuar bajo su propia “visión” del mundo. El planteamiento de Lakoff me hace recordar la idea hobbesiana del hombre como un ser maligno, en constante peligro y la necesidad que tiene de salir de ese estado de naturaleza, cediendo su libertad a cambio de su seguridad. Si a alguien le ha venido a la cabeza G.W.Bush y las elecciones del 2004, puede ser pura casualidad.

La teoría de Lakoff  plantea dos modelos diferenciados que se plasman a su vez en dos visiones de modelos de sociedad, es decir, como el Estado (padre de familia) actúa en función de los valores que pretende fomentar e impregnar en la sociedad (hijo/a). El modelo del padre estricto de los conservadores plantea acciones de corrección y conversión hacia el buen camino, partiendo desde una concepción negativa y caprichosa del hijo/a, y esta justificación motiva el uso del recurso del castigo para lograrlo.  

Claro, la pregunta clave sería ¿Podría ser esta teoría aplicable a la motivación de la delegada de gobierno valenciano? Podría, pero nada nos puede asegurar que así sea. En este terreno nos adentramos en especulaciones inservibles. Quizás pudiera ser un factor, o quizás las motivaciones fueron otras que nada o poco tienen que ver con la teoría planteada. 

No obstante,  no quisiera dejar de cuestionarme si alguien aún cree en aquella concepción de Rousseau sobre el hombre bondadoso por naturaleza y cuya convivencia con la sociedad lo pervierte. Quizás deberíamos recordar que aún vivimos en un pacto social, en el que nosotros como ciudadanos no olvidamos lo que cedemos, pero que las instituciones políticas no tardan en olvidar lo que nos deben. Aquí es donde deberíamos recordar que el sistema democrático y la configuración del mismo no deja de ser un artefacto creado por el hombre.

En definitiva, la sociedad debería poder modificar a su antojo dicho sistema, pues no es el sistema el que impone un fin, sino el ciudadano el que debe elegir que fin o que objetivos se deben lograr con el sistema creado. Pero, ¿El resultado es fruto de la tiranía de la mayoría o de la voluntad general?

Ximo Valls
Politólogo y socio de AVAPOL
@CVallsmo